José de Zorrilla

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DON JUAN TENORIO

 

Aquí está don Juan Tenorio,

y no hay hombre para él.

Desde la princesa altiva

a la que pesca en ruin barca

no hay hembra a quien no suscriba,

y a cualquier empresa abarca,

si en oro o valor estriba.

 

Búsquenle los reñidores;

cérquenle los jugadores;

quien se aprecie que le ataje,

a ver si hay quien le aventaje

en juego, en lid o en amores.

 

Esto escribí, y en medio año,

no hay escándalo ni engaño

en que no me hallara yo.

Por donde quiera que fui,

la razón atropellé,

la virtud escarnecí,

a la justicia burlé

y a las mujeres vendí.

Yo a las cabañas bajé,

yo a los palacios subí,

yo los claustros escalé,

y en todas partes dejé

memoria amarga de mí.

 

No reconocí sagrado,

ni hubo ocasión ni lugar

por mi audacia respetado;

ni en distinguir me he parado

al clérigo del seglar.

A quien quise provoqué,

con quien quise me batí,

y nunca consideré

que pudo matarme a mí

aquel a quien yo maté.

 

 

ORIENTAL

 

Corriendo van por la vega

a las puertas de Granada

hasta cuarenta gomeles

y el capitán que los manda.

 

Al entrar en la ciudad,

parando su yegua Blanca,

le dijo éste a una mujer

que entre sus brazos lloraba:

“Enjuga el llanto, cristiana,

no me atormentes así,

que tengo yo, mi sultana,

un nuevo Edén para ti.

Tengo un palacio en Granada.

tengo jardines y flores,

tengo una fuente dorada

con más de cien surtidores.

Y en la vega del Genil

tengo parda fortaleza,

que será reina entre mil

cuando encierre tu belleza.

Y sobre toda una orilla

extiendo mi señorío;

ni en Córdoba ni en Sevilla

hay un parque como el mío.

 

Allí la altiva palmera

y el encendido granado,

junto a la frondosa higuera,

cubren el valle y collado.

Allí el robusto nogal,

allí el nópalo amarillo,

allí el sombrío moral

crecen al pie del castillo.

Y olmos tengo en mi alameda

que hasta el cielo se levantan,

y en redes de plata y seda

tengo pájaros que cantan.

 

Sultana serás si quieres

que desiertos mis salones

está mi harén sin mujeres,

mis oídos sin canciones.

Yo te daré terciopelos

y perfumes orientales

de Grecia te traeré velos,

y de Cachemira chales.

Yo te daré blancas plumas

para que adornes tu frente,

mas blancas que las espumas

de nuestros mares de Oriente;

y perlas para el cabello,

y baños para el calor,

y collares para el cuello,

para los labios ¡AMOR!”

 

“¿Qué me valen tus riquezas

respondióle la cristiana,

si me quitas a mi padre,

mis amigos y mis damas?

Vuélveme, vuélveme, moro,

a mi padre y a mi patria.

que mis torres de León

valen más que tu Granada”.

 

Encuchóla en paz el moro,

manoseando su barba.

dijo, como quien medita,

en la mejilla una lágrima:

“Si tus castillos mejores

que nuestros jardines son,

y son más bellas tus flores,

por ser tuyas en León,

y tú diste tus amores

a alguno de tus guerreros.

hurí del Edén, no llores,

vete con tus caballeros”.

Y dándola su caballo

y la mitad de su guardia,

el capitán de los moros

volvió otra vez la espalda.

 

Sombra ultrajada, perdona

si tu sueño interrumpí,

que mi atrevimiento abona

lo poco que soy de mi,

lo mucho que es tu corona.

Mis ojos te quieren ver,

pero cuanto más te miran,

más imposible ha de ser.

¡Su lumbre van a perder

ojos que por ti deliran!

 

¡Amor!, esa fantasía

vaporosa y encantada,

selva escondida, empapada

de armonía y de placer;

santuario de la ventura,

magnífico paraíso

donde ir vagando es preciso

tras un fantástico ser.

 

Un ser que huye y se engalana

con los colores del viento,

y se nos muestra un momento

en fugitiva ilusión,

y un ser que a pocos contenta

cuando por fin alcanzado

deja el oropel prestado

y descubre el corazón.

 

¡Feliz quien halla en su centro

fresco pabellón tranquilo

de reposo, y no da asilo

en él a la vanidad!

La vanidad, luz fosfórica

que ilumina los espejos,

y causa con sus reflejos

del alma la ceguedad.

Walt Whitman

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MIENTRAS RECORRO PLAYAS QUE NO CONOZCO

 

Mientras recorro las playas que no conozco

mientras escucho la endecha

las voces de los hombres y mujeres náufragos

mientras aspiro las brisas impalpables que me asedian

mientras el océano, tan misterioso,

se aproxima a mí cada vez más

yo no soy sino un insignificante madero abandonado por la resaca,

un puñado de arena y hojas muertas

y me confundo con las arenas y con los restos del naufragio.

¡Oh! desconcertado, frustrado, humillado hasta el polvo,

oprimido por el peso de mi mismo

pues me he atrevido a abrir la boca

sabiendo ya que en medio de esa verbosidad cuyos ecos oigo

jamás he sospechado qué o quién soy

a no ser que, ante todos mis arrogantes poemas

mi yo real esté de pie, impasible, ileso, no revelado

señero, apartado, escarneciéndome con señas y reverencias burlonamente amables

con carcajadas irónicas a cada una de las palabras que he escrito

indicando en silencio estos cantos y, luego, la arena en que asiento mis pies.

Ahora sé que nada he comprendido, ni el objeto más pequeño

y qué ningún hombre puede comprenderlo.

La naturaleza está aquí a la vista del mar

aprovechándose de mí para golpearme y para herirme

porqué me he atrevido a abrir la boca para cantar.

 

Bajad, aguas del océano de la vida,

ya volveréis en la pleamar,

no ceses en tus gemidos, vieja madre cruel

llora sin término por tus hijos abandonados

pero no temas no me niegues

no susurres con voz tan ronca y colérica contra mí

cuando te toco o me aparto de ti.

Os amo tiernamente a tí y a todos

hago provisión para mí y para esta sombra que nos mira

y nos sigue a mí y a lo que me pertenece.

Yo y lo mío, hileras de hierba, pequeños cadáveres,

espuma blanca como la nieve, burbujas.

Ved cómo de mis labios muertos mana el fango al fin

ved cómo los colores del prisma relucen y se agitan

manojos de paja, arenas, fragmentos

puestos a flote por muchos humores contradictorios

por la tempestad, la calma, las tinieblas

las olas embravecidas, pensativos, un hálito, una lágrima salobre

una salpicadura de agua o fango

arrojados igualmente desde las fermentaciones insondables del abismo

uno o dos capullos marchitos, desgarrados igualmente

flotando sobre las olas a la deriva

igualmente para nosotros aquella endecha sollozante de la Naturaleza

nos acompaña el clangor de las trompetas e las nubes

nosotros, caprichosos, traídos aquí no sabemos de dónde

tendidos ante ti, tú allí arriba, caminas o te sientas

quienquiera que seas, también nosotros yacemos náufragos a tus pies.

 

 

UNA HORA DE ALEGRÍA Y DE LOCURA

 

¡Una hora de alegría y de locura! ¡Oh furiosa alegría!

¡Oh furiosa alegría! ¡Oh, no me retengáis!

Corazón de las tempestades,

¿qué es lo que late en ti para desencadenarse en mi ser de esta suerte?

¿Qué son mis clamores en medio de los relámpagos y de los vendavales?

¡Ah! ¡Beber el delirio místico más que hombre alguno!

¡Congojas tiernas y salvajes!

(Os las dejo en herencia, hijos míos, os narro por muchos motivos.

¡Oh esposo y esposa!)

¡Oh, abandonarse a vos, quienquiera que seáis!

¡Abandonaros a mí, con desprecio del mundo!

¡Oh , la vuelta al paraíso!

¡Oh, atraeros hacia mí, imprimir en vuestra boca virgen los labios de un hombre resuelto!

¡Oh, el enigma, el triple nudo, el estanque negro y profundo,

todo lo que se desanuda y se ilumina!

¡Oh, abalanzarse en busca de espacio y de aire!

¡Libertarse de los lazos y de las convenciones anteriores, yo de los míos, vos de los vuestros!

¡Hallar una despreocupación nueva, inimaginada, capaz de poner a prueba la mayor fortaleza!

¡Desenmordarse la boca!

Tener el sentimiento – hoy o cualquier otro día – de que me basto a mi mismo, tal como soy.

Sentir algo no sentido aún! ¡En espasmo, en angustia, en éxtasis!

¡Escapar íntegramente de las anclas y de los garfios ajenos!

¡Bogar libremente! ¡Amar libremente! ¡Abalanzarse temerario y amenazador!

¡Buscar la destrucción, insultándola, invitándola!

¡Subir, cernerse en el mediodía del amor, como en una revelación!

¡Volar con el alma ebria!

¡Perderse, si es necesario!

¡Alimentar el resto de mi vida con una sola hora de plenitud y de libertad!

¡Con una breve hora de locura y de felicidad!

 

NO LA DEJES IR

 

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz,

sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

 

No dejes de creer que las palabras y las poesías

sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima,

nos enseña,

nos convierte en protagonistas

de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

 

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.

 

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,

dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.

Vívela intensamente,

sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron

de nuestros “poetas muertos”,

te ayudan a caminar por la vida

La sociedad de hoy somos nosotros

Los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas…

Autores varios

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ANTONIN ARTAUD

Noche

Los mostradores de cinc pasan por las cloacas,

la lluvia vuelve a ascender hasta la luna;

en la avenida una ventana nos revela una mujer desnuda.

En los odres de las sábanas hinchadas,

en los que respiran la noche entera,

el poeta siente que sus cabellos crecen y se multiplican.

El rostro obtuso de los techos contempla los cuerpos extendidos.

Entre el cielo y los pavimentos la vida es una pitanza profunda.

Poeta, lo que te preocupa nada tiene que ver con la luna;

la lluvia es fresa, el vientre está bien.

Mira cómo se llenan los vasos en los mostradores de la tierra.

La vida está vacía, la cabeza está lejos.

En alguna parte un poeta piensa.

No tenemos necesidad de la luna,

la cabeza es grande, el mundo está atestado.

En cada aposento el mundo tiembla,

la vida engendra algo que asciende hacia los techos.

Un mazo de cartas flota en el aire alrededor de los vasos;

humo de vinos, humo de vasos y de las pipas de la tarde.

En el ángulo oblicuo de los techos de todos los aposentos que tiemblan,

se acumulan los humos marinos de los sueños mal construidos.

Porque aquí se cuestiona la vida y el vientre del pensamiento;

las botellas chocan con los cráneos de la asamblea aérea.

El verbo brota del sueño como una flor

o como un vaso lleno de formas y de humos.

El vaso y el vientre chocan;

la vida es clara en los cráneos vitrificados.

El areópago ardiente de los poetas se congrega alrededor del tapete verde,

el vacío gira.

La vida pasa por el pensamiento del poeta melenudo.

En la calle sólo una ventana, las cartas mezcladas suenan.

En la ventana la mujer sexuada somete su vientre a discusión.

 

 

 

(Estos poemas no sé de quién son, pero me los enviaron y me gustan…)

 

 

 

Bajo tu bata de seda

los sentidos se agitaban,

y resbalaron mis manos

a lo largo de tu espalda.

Percibí el deseo ardiente

surgir como llamarada

que, bajo la superficie

de la piel, quema y se arrastra;

como un arrollo de fuego

subterráneo en las entrañas.

 

Tus labios sobre mis labios

y tu lengua húmeda y cálida

deslizándose atrevida

en búsqueda de la hermana.

Tus manos exploradoras

en expediciones largas,

descendían decididas

hacia la presa de caza.

 

 

Cómo te amé aquella noche,

sin temores, sin cautelas,

sin pasados de amarguras,

sin futuros de tinieblas.

 

Cómo me amaste, tal dulce,

tan radiante de belleza,

tan entregada sin dudas,

sin preguntas, sin respuestas.

 

Bailamos sin percibirlo,

bailamos la noche entera,

deteniendo en la clepsidra

el descenso de la arena.

 

Y al amanecer nos fuimos,

sin haber visto siquiera

si los músicos sembraban

su melódica cosecha.

O si los otros amantes

se besaban en sus mesas.

 

Se había esfumado el mundo,

y sólo había una senda

por donde tú y yo marchamos

a la luz de las estrellas.

 

 

¿POR QUÉ?

 

Si la llama de amor me abrasa el alma

y sus ojos sonríen al mirar,

si sus palabras brotan con dulzura,

¿por qué tengo deseos de llorar?

 

Sin tan cerca de mí está y tan adentro

que casi la podría acariciar,

si sus labios me invitan con un beso,

¿por qué tengo deseos de llorar?

 

Si reclina en mi hombro su cabeza

y me recita un verso al caminar,

y mi brazo circunda su cintura,

¿por qué tengo deseos de llorar?

 

Si al despertar la encuentro a mí abrazada

y al dormir resplandece en mi soñar,

si escucha mi canción, y yo la suya,

¿por qué tengo deseos de llorar?

 

Si brilla en mi interior como una antorcha,

y es esperanza en el desesperar,

si piensa en mí cuando yo pienso en ella,

¿por qué tengo deseos de llorar?

 

Si me alimenta su espíritu poético,

y su delicadeza al conversar,

si es para mí un tesoro de ilusiones,

¿por qué tengo deseos de llorar?

 

TU SOMBRA

 

Sin vacilar, tu sombra fugitiva

desliza imperceptible tu figura

bajo mi puerta, cada noche oscura,

abrazándose a mí, tensa y lasciva.

 

Indiferentemente insensitiva

al sueño de mi esposa, me preocupa

el raudal de placeres de locura

de esta pasión fatal que me cautiva.

 

¡Qué deliciosa, ardiente mensajera,

vibrante cual redoble de campana,

yaciendo junto a mi la noche entera!

 

¡Qué plenitud de sentimientos mana

de esta sombra gentil, al irse afuera

con el primer albor de la mañana!

 

 

CREPÚSCULO DE MUJER

 

¿Que buscas, mujer triste y dolida,

de sonrisa fugaz, paso sin huella?

el resplandor lejano de tu estrella

se extingue ya, y te deja estremecida.

 

Es tu futuro calle sin salida

la niña en ti durmió una noche bella

sin poder despertar; y la doncella

se perdió en los caminos de la vida.

 

Acunas soledad en tu regazo

y te devora el ansia de ser fuerte

por falta de apoyo de otro brazo.

 

Y el tiempo va empujando tu alma inerte,

inexorable a golpes de su mazo,

hacia los arrabales de la muerte.

 

 

AMOR VIOLENTO

 

Hiéreme sin piedad en los sentidos

para lanzarme sobre ti violento;

azótame con tu furioso viento;

provoca mis instintos encendidos.

 

No temas al oír los alaridos

del salvaje animal, feroz y hambriento:

rudo será el asalto, no sangriento,

al hallar tus cuarteles defendidos.

 

Escalará los muros, agitando

su melena en el aire altivamente

y avanzará mordiendo y desgarrando.

 

Dominará tus miembros y tu mente,

y hará verdad lo que tú estás soñando

de ser violada voluntariamente.

 

 

A LA ESPERA

 

De nuevo me negaste la palabra,

y el recelo, tocándome en el hombro,

comenzó a susurrar cosas amargas.

 

Intenté no escucharle, y me habló fuerte.

Me tapé los oídos, y dió gritos.

Corrí, y me persiguió. Yo estaba inerme.

 

Sólo tú, en tu llamada, hubieras dado

paz a mis pensamientos … Vana espera:

el teléfono mudo, el tiempo largo.

 

¿Despierta como yo? ¿quizá durmiendo?

No sé; sólo sentí que me empujabas

lejos de tu velar y de tus sueños.

 

 

ELLA

 

Lucho contra la piedra helada y dura

sepulcro de tu espíritu, y espero

la feliz arribada de una aurora

portando el germen fecundante y nuevo

de la resurrección para las almas

que no hallaron paz ni entre los muertos.

 

Fue una tarde primaveral, ¿recuerdas? Era

fría y desapacible. En el espejo

de tu mirada azul radiante, un hombre.

Las hojas, agitadas por el viento,

danzaban en confuso remolino.

 

Una canción dentro de ti… Del cielo

Vino la lluvia, somnolienta y triste.

Surgió la niebla impenetrable. Luego

el cristal se empañó. Cesó tu canto.

Una campana golpeó a lo lejos.

Huyó difuminada la figura,

y tan sólo quedó un presentimiento

en el amargo fondo. Para siempre.

Sufrió tu corazón, pero en silencio.

 

Esto no ha sido ayer. Días y meses,

unos tras otros han ido muriendo.

Sin embargo la paz no te conoce,

Y aún hay dolor oculto en los recuerdos.

No has logrado olvidar. ¿Lo has intentado?

¿O todavía esperas el regreso

del marinero que levó anclas,

y zarpó, abandonándote en el puerto?.

 

La brutal sacudida en tu alma joven

dejó unas ruinas. No ha logrado el tiempo,

que todas las heridas cicatriza,

restaurar el castillo de tus sueños.

¿eres como pareces? Tu alegría

¿es esencial, o sólo es un remedo?

¿No tratas de embriagarte con sonrisas

cuando una garra cruel, dentro, muy dentro,

araña, rasga, oprime y envenena

el frágil nido de los sentimientos?

 

Quieres huir del hoy y del mañana;

vives en el ayer. ¡Despierta! El eco

del pasado ya se ha desvanecido.

Tienes la vida entera enfrente, y eso

vale más que un amor infortunado.

No estás sola en el mundo. Yo te espero.

 

 

AMOR AUSENTE

 

Fue un amor a distancia, absorbente y profundo,

que vertió luz intensa sobre mi estéril mundo.

 

Fue el clamor estentóreo de vibrante campana,

resucitando el eco de una pasión temprana.

 

Vino como una musa, recitando cantares,

filtrándose en mi arena, subiendo a mis altares.

 

La percibí a mi lado como una frágil rosa

abriéndome sus pétalos, ingenua y temblorosa.

 

Se me adentró en el alma, y navegó en mis venas,

Arrasando a su paso mi muro y mis almenas.

 

Galvanizó mi entraña con la encendida furia

De una sed insaciable de candente lujuria.

 

La contemple desnuda, dulce y acogedora,

agresiva y violeta, crepúsculo y aurora.

 

Depositó en mis labios sus labios, entregados

a amar con besos tenues y besos prolongados.

 

Y al acercar mi boca a los duros pezones

sentí el salvaje instinto de tigres y leones..

 

Sus muslos me ofrecían la invitación callada

de atravesar su carne al filo de mi espada.

 

Palpé su piel vibrante, su vientre estremecido,

y la humedad ardiente del recóndito nido.

 

Era un canto a la vida, manojo de temblores,

Estallido en la sombra de ocultos interiores.

 

Y era el rumor alegre del agua entre las rocas,

Y el clarín que se anuncia con esperanzas locas.

 

Y un firmamento cálido, envolviendo en su seno

el murmullo del aire y el rugido del trueno.

 

Y una lluvia ligera su ternura incesante,

Y un huracán furioso sus pasiones de amante.

 

Y al despertar del sueño que soñaba despierto,

sin haber recogido las rosas de su huerto,

 

abrumado del peso sentido en el instante,

maldije los amores del amante distante.

 

 

RECUERDO

 

Desde la torre de mi edad sombría

volví el rostro al paisaje de mi historia.

La nube parda y gris de la memoria

me oprime el alma esta mañana fría.

 

Pienso en ti con amor de lejanía…

Qué malogrado amor, sin paz ni gloria,

que vio los cangilones de mi noria

vacíos de placer, no de agonía!

 

¿Dónde van los ocultos pensamientos

de tu alma azul, como las rosas pura?

¿Persisten los febriles sentimientos

 

o sólo el eco de pasión perdura?

Dentro, en mi torre, ululan los lamentos,

revistiendo mis sueños de amargura.

 

 

VUELVE

 

Apenas te he encontrado, y ya te has ido;

¡qué soledad de noche ahora me espera!

te llevaste al partir la primavera,

y me dejaste sólo en mi gemido.

 

Todo a mi alrededor ha sucumbido;

se ha detenido el tiempo en su carrera.

y se ha muerto la música que hiciera

el eco de tus pasos en mi oído.

 

No sé si has de volver, pero confío

que tu sonrisa seguirá irradiando

el calor que animó mi cuerpo frío.

 

Mi oscuro invierno te estará esperando

como a la luz del sol en el estío;

y además de esperar, te estará amando.

José Ángel Valente

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ODA A LA SOLEDAD

Ah soledad,

Mi vieja y sola compañera,

Salud.

Escúchame tú ahora

Cuando el amor

Como por negra magia de la mano izquierda

Cayó desde su cielo,

Cada vez más radiante, igual que lluvia

De pájaros quemados, apaleado hasta el quebranto, y quebrantaron

Al fin todos sus huesos,

Por una diosa adversa y amarilla

Y tú, oh alma,

Considera o medita cuántas veces

Hemos pecado en vano contra nadie

Y una vez más aquí fuimos juzgados,

Una vez más, oh dios, en el banquillo

De la infidelidad y las irreverencias.

Así pues, considera,

Considérate, oh alma,

Para que un día seas perdonada,

Mientras ahora escuchas impasible

O desasida al cabo

De tu mortal miseria

La caída infinita

De la sonata opus

Ciento veintiséis

De Mozart

Que apaga en tan insólita

Suspensión de los tiempos

La sucesiva imagen de tu culpa

Ah soledad,

Mi soledad amiga, lávame,

como a quien nace, en tus aguas australes

y pueda yo encontrarte,

descender de tu mano,

bajar en esta noche,

en esta noche séptuple del llanto,

los mismos siete círculos que guardan

en el centro del aire

tu recinto sellado.

 

NO INÚTILMENTE

Contemplo yo a mi vez la diferencia

Entre el hombre y su sueño de más vida,

la solidez gremial de la injusticia,

La candidez azul de las palabras.

No hemos llegado lejos, pues con razón me dices

Que no son suficientes las palabras

Para hacernos más libres.

Te respondo

Que todavía no sabemos

Hasta cuándo o hasta dónde

Puede llegar una palabra.

Quién la recogerá ni de qué boca

Con suficiente fe

Para darle su forma verdadera.

Haber llevado el fuego un solo instante

Razón nos da de la esperanza.

Pues más allá de nuestro sueño

Las palabras, que no nos pertenecen,

Se asocian como nubes

Que un día el viento precipita

Sobre la tierra

Para cambiar, no inútilmente, el mundo.

Tirso de Molina

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CHISPAS

 

¿Cómo amor, te llaman ciego,

si te engendras de mirar?

¿Por qué tiemblas al hablar

si te dan nombre de fuego?

¿Por qué quitas el sosiego

si el mundo paz te ha llamado?

¿Cómo eres rey sin estado?

¿Cómo Dios si estás desnudo?

¿Cómo elocuente, si mudo?

¿Cómo cobarde, si osado?

De burlas matarme esperas

cuando de mi amor te burlas;

llégame el amor de burlas

y héme abrasado de veras.

Dos días tienen de gusto

las mujeres, si no yerran

los que sus acciones tasan,

y son: el que se casan,

y el que su marido entierran.

Calle el alma lo que siente

porque sienta lo que calla,

que amor que palabras halla,

tan falso es como elocuente.

Amante que fue querido

y ruega menospreciado,

muestras da de afeminado

cuando se humilla ofendido.

 

 

 

Sale el sol por el cielo luminoso

las nubes pardas de oro perfilando,

y con su luz los montes matizando

ilustra el campo su zafir hermoso.

 

Veloz pasa su curso muy furioso

y cuando la quietud solicitando

halla otro mundo que voceando

al sol le pide su esplendor hermoso,

 

a la campaña salgo defendido

de fuertes rayos de mi estoque ardiente

a quien se rinde el bárbaro vencido.

 

Y cuando del descanso solamente

busco un instante, torpe mi sentido

me acomete el amor eternamente.

 

 

 

Del castizo caballo descuidado

el hambre y apetito satisface

la verde hierba que en el campo nace,

el freno duro del arzón colgado;

 

mas luego que el jaez de oro esmaltado

le pone el dueño, cuando fiestas hace,

argenta espuma, céspedes deshace,

con el pretal sonoro alborozado.

 

Del mismo modo entre la encina y roble,

criado con el rústico lenguaje,

y vistiendo sayal tosco he vivido;

 

mas despertó mi pensamiento noble,

como al caballo, el cortesano traje:

que aumenta la soberbia el buen vestido.

 

 

 

El tardo buey atado a la coyunda

la noche espera y la cerviz levanta,

y el que tiene el cuchillo a la garganta

en alguna esperanza el vivir funda.

 

Espera la bonanza, aunque se hunda,

la nave a quien el mar bate y quebranta.

Sólo el infierno causa pena tanta

porque de él la esperanza no redunda.

 

Es común este bien a los mortales,

pues quien más ha alcanzado, más espera,

y a veces el que espera, el fin alcanza.

 

Mas a mí la esperanza de mis males

de tal modo me aflige y desespera,

que no puedo esperar ni aun esperanza.

 

 

 

Un año, cielos, ha que amor me obliga

a la dicha mayor que darme pudo;

que, en fin, de puro dar, anda desnudo,

y por tener que dar, pide y mendiga.

 

A Sirena me dio, porque le siga,

en amoroso e indisoluble nudo;

mas con tal condición, que siendo mudo,

goce callando: ¡viose tal fatiga!

 

Callar y poseer sin competencia,

aunque el bien es mayor comunicado,

posible cosa es, pero terrible;

 

mas que tanto aquilaten la paciencia

que obliguen, si el honor anda acosado,

a que calle un celoso, es imposible.

 

San Juan de la Cruz

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Coplas del alma que pena por ver a Dios

 

 

Vivo sin vivir en mí

y de tal manera espero

que muero porque no muero.

 

I

En mí yo no vivo ya

y sin Dios vivir no puedo

pues sin él y sin mí quedo

éste vivir qué será?

Mil muertes se me hará

pues mi misma vida espero

muriendo porque no muero.

II

Esta vida que yo vivo

es privación de vivir

y así es continuo morir

hasta que viva contigo.

Oye mi Dios lo que digo

que esta vida no la quiero

que muero porque no muero.

III

Estando ausente de ti

qué vida puedo tener

sino muerte padecer

la mayor que nunca vi?

Lástima tengo de mí

pues de suerte persevero

que muero porque no muero.

IV

El pez que del agua sale

aun de alivio no carece

que en la muerte que padece

al fin la muerte le vale.

Qué muerte habrá que se iguale

a mi vivir lastimero

pues si más vivo más muero?

V

Cuando me pienso aliviar

de verte en el Sacramento

házeme más sentimiento

el no te poder gozar

todo es para más penar

por no verte como quiero

y muero porque no muero.

VI

Y si me gozo Señor

con esperanza de verte

en ver que puedo perderte

se me dobla mi dolor

viviendo en tanto pavor

y esperando como espero

muérome porque no muero.

VII

Sácame de aquesta muerte

mi Dios y dame la vida

no me tengas impedida

en este lazo tan fuerte

mira que peno por verte,

y mi mal es tan entero

que muero porque no muero.

VIII

Lloraré mi muerte ya

y lamentaré mi vida

en tanto que detenida

por mis pecados está.

Oh mi Dios!, cuándo será

cuando yo diga de vero

vivo ya porque no muero?

 

Entréme donde no supe

y quedéme no sabiendo,

toda ciencia trascendiendo.

I

Yo no supe dónde entraba,

pero cuando allí me vi

sin saber dónde me estaba

grandes cosas entendí

no diré lo que sentí

que me quedé no sabiendo

toda ciencia trascendiendo.

II

De paz y de piedad

era la ciencia perfecta,

en profunda soledad

entendida vía recta

era cosa tan secreta

que me quedé balbuciendo

toda ciencia trascendiendo.

III

Estaba tan embebido

tan absorto y ajenado

que se quedó mi sentido

de todo sentir privado

y el espíritu dotado

de un entender no entendiendo

toda ciencia trascendiendo.

IV

El que allí llega de vero

de sí mismo desfallesce

quanto sabía primero

mucho baxo le paresce

y su sciencia tanto cresce

que se queda no sabiendo,

toda sciencia tracendiendo.

V

Cuanto más alto se suve

tanto menos se entendía

que es la tenebrosa nuve

que a la noche esclarecía

por eso quien la sabía

queda siempre no sabiendo,

toda sciencia tracendiendo.

VI

Este saber no sabiendo

es de tan alto poder

que los sabios arguyendo

jamás le pueden vencer

que no llega su saber

a no entender entendiendo

toda sciencia tracendiendo.

VII

Y es de tan alta excelencia

aqueste summo saber,

que no ay facultad ni sciencia

que la puedan emprender

quien se supiere vencer

con un no saber sabiendo,

yrá siempre tracendiendo.

VIII

Y si lo queréis oýr

consiste esta summa sciencia

en un subido sentir

de la dibinal esencia

es obra de su clemencia

hazer quedar no entendiendo

toda sciencia tracendiendo.

 

Santa Teresa de Jesús

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No me mueve, mi Dios para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tu me mueves. Señor, muéveme al verte

clavado en una cruz escarnecido;

muéveme ver tu cuerpo tan herido;

muéveme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, al fin tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infinito, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera;

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

 

 

 

Ya toda me entregué a ti,

y de tal suerte he trocado,

que mi Amado es para mí

y yo soy para mi Amado.

 

Cuando el dulce Cazador

me tiró y dejó herida,

en los brazos del amor

mi alma quedó rendida;

y, cobrando nueva vida,

de tal manera he trocado,

que mi Amado es para mí

y yo soy para mi Amado.

 

Hirióme con una flecha

enherbolada de amor,

y mi alma quedó hecha

una con su Criador;

Ya yo no quiero otro amor,

pues a mi Dios me he entregado,

y mi Amado es para mí

y yo soy para mi Amado.

 

SANTA TERESA DE JESÚS

Nacidos del fuego del amor de Dios que en sí tenía

 

Vivo sin vivir en mí,

y tal alta vida espero,

que muero porque no muero.

 

Vivo ya fuera de mí

después que muero de amor,

porque vivo en el Señor

que me quiso para sí.

Cuando el corazón le di,

Puso en él este letrero:

que muero porque no muero.

Esta divina prisión

del amor con que yo vivo,

ha hecho a Dios mi cautivo,

y libre mi corazón;

y causa en mí tal pasión

ver a Dios mi prisionero,

que muero porque no muero.

 

¡Ay! ¡Qué larga es esta vida!

¡Qué duros estos destierros,

esta cárcel, estos hierros

en que el alma está metida!

Solo esperar la salida

me causa dolor tan fiero,

que muero porque no muero.

 

¡Ay! ¡Qué vida tan amarga

de no se goza el Señor!

Porque si es dulce el amor,

no lo es la esperanza larga;

quítame Dios esta carga,

más pesada que el acero,

que muero porque no muero.

 

Solo con la confianza

Vivo de que he de morir,

¡porque muriendo el vivir

me asegura mi esperanza;

muerte do el vivir se alcanza,

no te tardes, que te espero,

que muero porque no muero.

 

Mira que el amor es fuerte:

vida, no me seas molesta;

mira que solo te resta,

para ganarte, perderte;

venga ya la dulce muerte,

venga el morir muy ligero,

que muero porque no muero.

 

Aquella vida de arriba

es la vida verdadera,

hasta que esta vida muera,

no se goza estando viva:

muerte, no me seas esquiva;

viva muriendo primero,

que muero porque no muero.

 

Vida, ¿qué puedo yo darle

a mi Dios, que vive en mi

si no es perderte a ti,

para mejor a Él gozarle?.

Quiero muriendo alcanzarle,

pues a Él solo es el que quiero,

que muero porque no muero.

 

Lástima tengo de mí,

por ser mi mal tan entero,

que muero porque no muero.

Rabindranaz Tagore

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AFORISMOS

Como las gaviotas y las olas nos encontramos y nos unimos.

Se van las gaviotas volando, se van rodando las olas;

y nosotros también nos vamos.

Si de noche lloras por el sol, no veras las estrellas.

La luz del sol me saluda sonriendo.

La lluvia, su hermana triste, me habla en el corazón.

Si echo mi misma sombra en mi camino, es porque hay una lámpara en mí que no ha sido encendida.

Tu sol sonríe en los días de invierno de mi corazón y no duda jamás de las flores de su primavera.

Cuando el día cae, la noche lo besa y le dice al oído:

’Soy tu madre la muerte, y te he de dar nueva vida’.

El misterio de la vida es tan grande como la sombra en la noche.

La ilusión de la sabiduría es como la niebla del amanecer.

Leemos mal el mundo, y decimos luego que nos engaña.

13

La canción que yo vine a cantar no ha sido aún cantada.

Mis días se me han ido afinando las cuerdas de mi arpa; pero no he hallado el tono justo y las palabras no venían bien.

¡Sólo la agonía del afán en mi corazón!

Aún no ha abierto la flor, sólo suspira el viento.

No he visto su cara ni he oído su voz; sólo oí sus pasos blandos, desde mi casa, por el camino.

Todo el día interminable de mi vida me lo he pasado tendiendo en el suelo mi estera para él; pero no encendí la lámpara y no puedo decirle que entre.

Vivo con la esperanza de encontrarlo; pero ¿cuándo le encontraré?

100

Desciendo a las profundidades del mar de las formas, en busca de la perla perfecta de lo que no la tiene.

No más este navegar, de puerto en puerto, con mi barco viejo de naufragios.

Ya se fueron los días en que era mi gozo ser juguete de las olas.

Y ahora tengo ansia de morir en lo inmortal.

Llevaré el arpa de mi vida al tribunal que está junto al abismo sin fin de donde sube la música no tocada.

Y acordaré mi música con la música de lo eterno y cuando haya cantado su sollozo último,

pondré mi arpa muda a los pies de lo callado.

 

21

¿Cuándo echaré mi barca en la mar? Las horas lánguidas se me pasan en la orilla, ¡ay!

La primavera acabó de florecer y se ha ido. Y cargado de vanas flores marchitas, espero y tardo.

Se han puesto las olas clamorosas y en la vereda en sombra de la orilla,

las hojas amarillas aletean y caen.

¿Qué miras, di, en el vacío? ¿No sientes estremecerse el aire de una canción lejana que viene, flotando, de la otra orilla?

43

Fue un día en que yo no te esperaba. Y entraste, sin que yo te lo pidiera, en mi corazón, como un desconocido cualquiera, Rey mío; y pusiste tu sello de eternidad en los instantes fugaces de mi vida.

Y hoy los encuentro por azar, desparramados en el polvo, con tu sello, entre el recuerdo de las alegrías y los pesares de mis anónimos días olvidados.

Tú no desdeñaste mis juegos de niño por el suelo; y los pasos que escuché en mi cuarto de juguetes con los mismos que resuenan ahora de estrella en estrella.

Alfonsina Storni

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TU ME QUIERES BLANCA

Tú me quieres alba,

Me quieres de espumas,

Me quieres de nácar.

Que sea azucena

Sobre todas, casta.

De perfume tenue.

Corola cerrada

Ni un rayo de luna

Filtrado me haya.

Ni una margarita

Se diga mi hermana.

Tú me quieres nívea,

Tú me quieres blanca,

Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas

Las copas a mano,

De frutos y mieles

Los labios morados.

Tú que en el banquete

Cubierto de pámpanos

Dejaste las carnes

Festejando a Baco.

Tú que en los jardines

Negros del Engaño

Vestido de rojo

Corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto

Conservas intacto

No sé todavía

Por cuáles milagros,

Me pretendes blanca

(Dios te lo perdone),

Me pretendes casta

(Dios te lo perdone),

¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,

Vete a la montaña;

Límpiate la boca;

Vive en las cabañas;

Toca con las manos

La tierra mojada;

Alimenta el cuerpo

Con raíz amarga;

Bebe de las rocas;

Duerme sobre escarcha;

Renueva tejidos

Con salitre y agua;

Habla con los pájaros

Y lévate al alba.

Y cuando las carnes

Te sean tornadas,

Y cuando hayas puesto

En ellas el alma

Que por las alcobas

Se quedó enredada,

Entonces, buen hombre,

Preténdeme blanca,

Preténdeme nívea,

Preténdeme casta.

 

LA CARICIA PERDIDA

Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos… En el viento, al pasar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida ¿quién la recogerá? .

Pude amar esta noche con piedad infinita,

pude amar al primero que acertara a llegar.

Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida, rodará… rodará…

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,

si estremece las ramas un dulce suspirar,

si te oprime los dedos una mano pequeña

que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,

si es el aire quien teje la ilusión de besar,

oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,

en el viento fundida, ¿me reconocerás?

 

NOCHE LÚGUBRE

Estaba la noche compacta y sombría

Cuando me detuve de golpe a tu puerta,

Tu puerta de oro donde estaba escrito:

¡golpea, viajera!.

Estaba tu casa rodeada de plantas

Y llenas de luces en medio a la estepa;

Sonaban laudes, trepaban rosales

Por sobre las verjas.

¡Ábreme! Mi grito resonó en la noche

y huyeron del cielo todas las estrellas…

¡Ábreme! Mi grito se hinchó en el desierto,

Palpitó la arena.

Rebaños de lobos hambrientos me siguen,

Serpientes y tigres, leones y hienas,

Me buscan los rastros, me siguen a prisa,

Ábreme tu puerta.

Dame un rincón blando dentro de tu pecho

Para que repose, toma las cadenas

Que oponen mis brazos y cárgalas, ponme

Piadoso tus vendas.

Me echaré a tus plantas, humilde, sumisa,

Guardaré tus ojos, beberé tus penas,

Viviré de tu alma, pero dame, dulce,

Dame el alma entera.

Te asomaste entonces; debajo tus mano

Como la esperanza se movió tu puerta:

Miraste mis ojos, mis ojos sombríos,

Mi boca en tormenta.

Miraste el desierto y aullidos de lobos,

Silbidos de sierpes, rugidos de hienas

Sonaron terribles. Las sombras estaban

Compactas y negras.

Me buscan, me siguen, repetí temblando…

(mis ojos echaban la luz de una hoguera.)

Me buscan, me siguen… Rasgarán mis manos,

Comerán mi lengua.

Pero tu mirada se volvió de hielo;

Queman demasiado tus ojos viajera,

Me dijo tu boca, sigue tu camino,

No es tuya mi puerta.

Mi casa es de sombras, de dulce reposo,

De apacible aroma, de tranquilas selvas,

Me traes la noche, mujer, en tus manos

Se va la tormenta.

Camino al destierro me volví gritando:

Leones y tigres, serpientes, panteras,

Rasgadme las carnes, liberadme el alma,

¡Oh malas, sed buenas!…

Una a una luego por el lado mío,

Piadosas y tristes pasaron las fieras…

¡Cerrada tu alma!… ¡Cerrada tu alma!…

no había una estrella.

 

UN SOL

Mi corazón es como un sol sin lengua,

Mudo se está a la espera del milagro,

He amado mucho, todo mi amor fue magro,

Que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme,

Amé hasta odiar, amé hasta la locura,

Pero yo espero algún amor-natura

Capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto

Y me haga brotar ramas sensitivas,

Soy una selva de raíces vivas,

Sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?

¿me empobreció a sus ojos el ramaje?

Vulgar estorbo, pálido follaje

Distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En donde está el espíritu sombrío

De cuya opacidad brote la llama?

Ah, si mis mundos con su amor inflama

Yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?

Ha de traer su gran verdad sabida…

Hielo y más hielo recogí en la vida:

Yo necesito un sol que me disuelva.

 

INCURABLE

No me digas hombre que debo morirme

Porque ya lo sé

Tanto me lo han dicho, tanto lo repito

Que ya me cansé.

Si debo morirme mejor para todos,

Mejor para mí.

Mientras tanto canta cigarra alocada,

Liba colibrí.

Florece pradera, trigal ponte espeso,

Me gustas trigal,

Me gustas, oh cielo, me gustas aurora,

Me gustas rosal.

No sé que tengan los mundos de oro

Que mis ojos ven…

Alma que divagas, confórmate alegre

Con lo que te den.

Mira cómo es bella la noche que reza,

Cómo es bello el mar…

Alma que preguntas, sobre sus oleajes

Échate a bogar.

Cae de rodillas, alma miserable

Que no sabes ver.

Cae de rodillas… es todo sublime

El ser y el no ser.

Este cielo es tuyo, es tuya la vida,

Sábela tomar,

Aprende una cosa, la que menos sabes,

Aprende a gozar.

(después de todo esto se dice mi alma,

la pobre alma mía se pone a llorar…)

 

AMARGA

Has podido sentirme dentro del alma

Como una estrella blanca dentro del cielo,

Pero ha sido mentido mi dulce anhelo,

¡No tienes alma!.

Has podido sentirme sobre tu pecho

Como lirio de nieve sobre una roca,

Pero ha sido al quererte mi suerte poca,

¡No tienes pecho!

Yo te pedía cielo, me diste tierra,

Yo te pedía estrellas, me diste besos,

No entendiste lo grave de tus excesos,

¡Me diste tierra!

El amor nuestro pudo ser aurora

Y sólo fue un poniente triste y sombrío.

Fuera en vano la enmienda de tu desvío,

¡Pasó la aurora!

No extrañes que sin orden y sin destino

Para mi frente corte pámpanos griegos;

Mis ojos han perdido llantos y ruegos:

Fue mi destino.

 

HABLO CONMIGO

¿Por que mi mano que acaricia estruja?

¿Por que estoy ciega cuando puedo ver?

Pregúntale a los astros que se mueven.

Yo no lo sé.

¿Por qué las flores se me vuelven piedras?

¿Por qué en acíbar se me va la miel?

Pregúntale a los vientos que varían.

Yo no lo sé.

¿Por qué la primavera se me hiela?

¿Por qué bebiendo siempre tengo sed?

Pregúntaselo a las faces de la luna.

Yo no lo sé.

¿Por qué la más humilde, la más buena,

Me ahogo una copa de ácidos y hiel?

Pregúntale a los días que se nublan.

Yo no lo sé.

¿Por qué no pido ni una gota de agua

Yo que mendiga soy desde el naces?

Pregúntale a la atmósfera que cambia.

Yo no lo sé.

¿Por qué si el mundo pesa en mis espaldas

Amo ese peso y no andaré sin él?

Pregúntale a Dios, si lo conoces.

Yo no lo sé.

¿Por qué una noche, si lo odiaba, luna,

Bajo tus luces claras lo besé?

Pregúntale a los ojos de aquel hombre.

Yo no lo sé.

 

MORIR SOBRE LOS CAMPOS

Yo quiero que me dejen morir sobre los campos

Tendido el cuerpo enfermo. Me traiga el sol sus lampos

Y abriéndome las venas su calor bendito

Venga a mí caricias de todo lo infinito.

Que no escuche la hora solemne de mi muerte

La palabra del hombre que oraciones me advierte.

Que no venga mi madre a besarme las manos,

Que me den al olvido los recuerdos humanos.

Que me dejen tendida, solita en la llanura,

Y sólo el sol se vuelque portador de blancura

Sobre mi cuerpo pobre, sobre mi cuerpo enfermo

Como un pájaro helado que aún palpitara yermo.

Porque así moriré sabiendo que el pecado

No es tal; que si en las flores del jardín he libado

¡Eran mías sus flores y arranqué las corolas

Como el mar ha el derecho de sacudir sus olas!.

Porque así seré buena: olvidaré ambiciones;

Justísima , serena, perdonaré traiciones

Y borracha de sol en la hora postrera

Tendré un beso en los labios lleno de primavera.

Moriré en la verdad. ¡Sabré de mis errores,

Mis bondades, mis sueños, sólo son los señores

Que del castillo erguido en mi alma de atea

Saliéronle a la vida recabando pelea!.

Pero que no me tiendan sobre el lecho mezquino

Para morir. No pongan tono vespertino

En mi cuarto pequeño donde se oiga silente

El llanto de la madre que despide al muriente.

Porque acaso mi alma, libre hoy de cobardía,

Se haga como mi cuerpo, pobre, sin energía,

Y demande perdón por el dulce pecado

De haber libado miel el en huerto sagrado.

O acaso, sin derecho, ya que la vida aquesta

Se me brindó su acíbar me dio toda su fiesta,

Ya me sienta rebelde y maldiga la hora

En que bebí dolor en la copa traidora …

¡Oh! ¡No! Toda paz para morir deseo;

Mi sentimiento asceta que el pesar hizo ateo

Quiere serenidad … ¡Morir sobre los campos

Tendida y en mi cuerpo deshaga el sol sus lampos!

 

CAPRICHO

Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca,

sujeta entre tus manos esta cabeza loca;

dame a beber veneno, el malvado veneno

que te moja los labios a pesar de ser bueno.

Pero no me preguntes, no me preguntes nada

de porqué lloré tanto en la noche pasada;

las mujeres lloramos sin saber, porque sí;

es esto de los llantos pasaje baladí.

Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,

un mar un poco torpe, ligeramente estulto.

Que se asoma a los ojos con bastante frecuencia

y hasta lo manejamos con una difícil ciencia…

No preguntes, amado, lo debes sospechar;

en la noche pasada no estaba quieto el mar,

nada más. Tempestades que las trae y las lleva

un viento que nos marca cada vez costa nueva.

Sí, vanas mariposas sobre jardín de Enero,

nuestro interior es todo sin equilibrio y huero

luz de cristalería, fruto de carnaval

decorado en escenas de serpientes del mal.

Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:

movilidad absurda de inconsciente coqueta…

deseamos y gustamos la miel de cada copa

y el cerebro tenemos de pajillas y estopa.

Bien; no, no me preguntes. Torpeza de mujer,

capricho, amado mío, capricho debe ser.

Oh, déjame que ría…¿No ves qué tarde hermosa?

espínate las manos y córtame esa rosa.

 

YO EN EL FONDO DEL MAR

 

En el fondo del mar

hay una casa de cristal.

A una avenida

de madréporas da.

Un gran pez de oro,

a las cinco,

me viene a saludar.

Me trae

un rojo ramo

de flores de coral.

Duermo en una cama

un poco más azul

que el mar.

Un pulpo

me hace guiños

a través del cristal.

En el bosque verde

que me circunda

din don… din dan…

se balancean y cantan

las sirenas

de nácar verdemar.

Y sobre mi cabeza

arden, en el crepúsculo,

las erizadas puntas del

mar.

 

Alfonsina y el Mar (canción)

 

Por la blanda arena que lame el mar

su pequeña huella no vuelve más

y un sendero solo de pena y silencio llegó

hasta el agua profunda

y un sendero solo de penas puras llegó

hasta la espuma.

 

Sabe Dios que angustia te acompañó

qué dolores viejos calló tu voz

para recostarte arrullada en el canto

de las caracolas marinas

la canción que canta en el fondo oscuro del mar

la caracola.

 

Te vas Alfonsina con tu soledad

¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?

Y una voz antigua de viento y de mar

te requiebra el alma

y la está llamando

y te vas, hacia allá como en sueños,

dormida Alfonsina, vestida de mar.

 

Cinco sirenitas te llevarán

por caminos de algas y de coral

y fosforescentes caballos marinos harán

una ronda a tu lado.

Y los habitantes del agua van a nadar

pronto a tu lado.

 

Bájame la lámpara un poco más

déjame que duerma, nodriza en paz

y si llama él no le digas que estoy,

dile que Alfonsina no vuelve.

y si llama él no le digas nunca que estoy,

di que me he ido.

 

Te vas Alfonsina con tu soledad

¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?

Y una voz antigua de viento y de mar

te requiebra el alma

y la está llamando

y te vas, hacia allá como en sueños,

dormida Alfonsina, vestida de mar.

 

Música y Letra de:

Ariel Ramires y Felix Luna

(Su primer interprete fue: León Gieco)

 

William Shakespeare

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Pobre alma, centro de culpable limo

a la que burla, indócil, quien la ciñe,

¿por qué adentro sufrir afán y hambre

sin pintar lo exterior de alegre lujo?

Si el contrato es tan breve, ¿por qué gastas

ornando tu morada pasajera?

¿Tendrá por fin tu cuerpo sustentar

al gusano que herede tu derroche?

Vive, alma, a expensas de tu servidor;

que aumenten sus fatigas tu tesoro;

y cambia horas de espuma por divinas.

Sé rica adentro, en vez de serlo afuera.

Devora tú a la Muerte y no la nutras,

pues si ella muere, no podrás morir.

 

Poor soul, the centre of my sinful earth,

Fool’d by these rebel powers that thee array,

Why dost thou pine within and suffer dearth,

Painting thy outward walls so costly gay?

Why so large cost, having so short a lease,

Dost thou upon thy fading mansion spend?

Shall worms, inheritors of this excess,

Eat up thy charge? is this thy body’s end?

Then, soul, live thou upon thy servant’s loss,

And let that pine to aggravate thy store;

Buy terms divine in selling hours of dross;

Within be fed, without be rich no more:

So shalt thou feed on Death, that feeds on men,

And, Death once dead, there’s no more dying then.

 

Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos

y ahonden surcos en tu prado hermoso,

tu juventud, altiva vestidura,

será un andrajo que no mira nadie.

Y si por tu belleza preguntaran,

tesoro de tu tiempo apasionado,

decir que yace en tus sumidos ojos

dará motivo a escarnios o falsías.

¡Cuánto más te alabaran en su empleo

si respondieras : – ” Este grácil hijo

mi deuda salda y mi vejez excusa “,

pues su beldad sería tu legado!

Pudieras, renaciendo en la vejez,

ver cálida tu sangre que se enfría.

 

Derrochador de encanto, ¿por qué gastas

en ti mismo tu herencia de hermosura?

Naturaleza presta y no regala,

y, generosa, presta al generoso.

Luego, bello egoísta, ¿por qué abusas

de lo que se te dio para que dieras?

Avaro sin provecho, ¿por qué empleas

suma tan grande, si vivir no logras?

Al comerciar así sólo contigo,

defraudas de ti mismo a lo más dulce.

Cuando te llamen a partir, ¿qué saldo

podrás dejar que sea tolerable?

Tu belleza sin uso irá a la tumba;

usada, hubiera sido tu albacea.

 

Cuando pienso que todo lo que crece

su perfección conserva un mero instante;

que las funciones de este gran proscenio

se dan bajo la influencia de los astros;

y que el hombre florece como planta

a quien el mismo cielo alienta y rinde,

primero ufano y abatido luego,

hasta que su esplendor nadie recuerda:

la idea de una estada tan fugaz

a mis ojos te muestra más vibrante,

mientras que Tiempo y Decadencia traman

mudar tu joven día en noche sórdida.

Y, por tu amor guerreando con el Tiempo,

si él te roba, te injerto nueva vida.

 

¿Cómo puedo elogiarte con modestia

cuando tú eres de mí la mejor parte?

¿Qué me puede otorgar mi propio elogio

y qué hago con tu elogio sino el mío?

Vivamos separados, y que pierda

su nombre de indiviso nuestro amor,

para que pueda darte, al separarnos,

lo que mereces tú, tú solamente.

¡Oh ausencia, cuál sería tu suplicio,

si tu amarga quietud no nos dejara

burlar al tiempo en el amor pensando,

engaño dulce del pensar y el tiempo,

y no enseñaras a hacer dos con uno,

aquí elogiando a quien está distante!

 

No creeré en mi vejez, ante el espejo,

Mientras la juventud tu edad comparta;

Sólo cuando los surcos te señalen

Pensaré que la muerte se aproxima.

Si toda la hermosura que te cubre

Es el ropaje de mi corazón,

Que vive en ti, como en mí vive el tuyo,

¿Cómo puedo ser yo mayor que tú?

Por eso, amor, contigo sé prudente,

Como soy yo por ti, no por mi mismo;

Tu corazón tendré con el cuidado

De la nodriza que al pequeño ampara.

No te ufanes del tuyo, si me hieres,

Pues me lo diste para no volverlo.

 

Que los favorecidos por los astros

De honores y de títulos se ufanen;

Yo, que la suerte priva de esos triunfos,

Hallo mi dicha en lo que más venero.

Los favoritos de los grandes príncipes

Abren al sol sus hojas cual caléndulas,

Y su orgullo sepultan en sí mismos

Pues los abate un ceño que se frunce.

El célebre guerrero laborioso,

Derrocado una vez tras mil victorias,

Es del libro de honores suprimido

Y de su gesta lo demás se olvida.

Feliz de mí, que amando soy amado,

Y ni cambiar ni ser cambiado puedo.

 

Cuando haya muerto, llórame tan sólo

mientras escuches la campa triste,

anunciadora al mundo de mi fuga

del mundo vil hacia el gusano infame.

Y no evoques, si lees esta rima,

la mano que la escribe, pues te quiero

tanto que hasta tu olvido prefiriera

a saber que te amarga mi memoria.

Pero si acaso miras estos versos

cuando del barro nada me separe,

ni siquiera mi pobre nombre digas

y que tu amor conmigo se marchite,

para que el sabio en tu llorar no indague

y se burle de ti por el ausente.

 

No longer mourn for me when I am dead

Than you shall hear the surly sullen bell

Give warning to the world that I am fled

From this vile world, with vilest worms to dwell.

Nay, if you read this line, remember not

The hand that writ it; for I love you so,

That I in your sweet thoughts woukd be forgot,

If thinking on me then should make you woe.

O, if, I say, you look upon this verse

When I perhaps compounded am with clay,

Do not so much as my poor name rehearse,

But let your love even with my life decay,

Lest the wise world should look into your moan

And mock you with me after I am gone.

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