Tus poetas…, mis poetas

JOSÉ ZORRILLA

Oriental

Corriendo van por la vega
A las puertas de Granada
Hasta cuarenta gomeles
Y el capitán que los manda.

Al entrar en la ciudad,
Parando su yegua blanca,
Le dijo éste a una mujer
Que entre sus brazos lloraba:

-Enjuga el llanto, cristiana,
No me atormentes así,
Que tengo yo, mi sultana,
Un nuevo Edén para ti.

Tengo un palacio en Granada,
Tengo jardines y flores,
Tengo una fuente dorada
Con más de cien surtidores.

Y en la vega del Genil
Tengo parda fortaleza,
Que será reina entre mil
Cuando encierre tu belleza.

Y sobre toda una orilla
Extiendo mi señorío;
Ni en Córdoba ni en Sevilla
Hay un parque como el mío.

Allí la altiva palmera
Y el encendido granado,
Junto a la frondosa higuera
Cubren el valle y collado.

Allí el robusto nogal,
Allí el nópalo amarillo;
Allí el sombrío moral
Crecen al pie del castillo.

Y olmos tengo en mi alameda
Que hasta el cielo se levantan,
Y en redes de plata y seda
Tengo pájaros que cantan.

Y tú mi sultana eres;
Que desiertos mis salones están,
mi harén sin mujeres,
Mis oídos sin canciones.

Yo te daré terciopelos
Y perfumes orientales,
De Grecia te traeré velos,
Y de Cachemira chales.

Y te daré blancas plumas
Para que adornes tu frente,
Más blancas que las espumas
De nuestros mares de Oriente;

Y perlas para el cabello,
Y baños para el calor,
Y collares para el cuello;
Para los labios…. ¡amor!

-¿Qué me valen tus riquezas,
-Respondióle la cristiana-,
Si me quitas a mi padre,
Mis amigos y mis damas?

Vuélveme, vuélveme, moro,
A mi padre y a mi patria,
Que mis torres de León
Valen más que tu Granada.

Escuchóla en paz el moro,
Y manoseando su barba,
Dijo, como quien medita,
En la mejilla una lágrima:

-Si tus castillos mejores
Que nuestros jardines son,
Y son más bellas tus flores,
Por ser tuyas, en León,

Y tú diste tus amores
A alguno de tus guerreros,
Hurí del Edén, no llores;
Vete con tus caballeros.

Y dándole su caballo
Y la mitad de su guardia,
El capitán de los moros
Volvió en silencio la espalda.

DON JUAN TENORIO

Aquí está don Juan Tenorio,
y no hay hombre para él.
Desde la princesa altiva
a la que pesca en ruin barca
no hay hembra a quien no suscriba,
y a cualquier empresa abarca,
si en oro o valor estriba.

Búsquenle los reñidores;
cérquenle los jugadores;
quien se aprecie que le ataje,
a ver si hay quien le aventaje
en juego, en lid o en amores.

Esto escribí, y en medio año,
no hay escándalo ni engaño
en que no me hallara yo.

Por donde quiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.

Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

No reconocí sagrado,
ni hubo ocasión ni lugar
por mi audacia respetado;
ni en distinguir me he parado
al clérigo del seglar.
A quien quise provoqué,
con quien quise me batí,
y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquel a quien yo maté.

LA AMAPOLA

Flor solitaria y silvestre
Que a la luz sacas del sol
Cuatro pendones de púrpura
Que guarda tosco botón;
Pes en el campo te quedas
Y yo del campo me voy,
Tú con tus hojas de fuego
Y con mis lágrimas yo,
Dile al alma de mi alma
Que voy muriendo de amor;
Que entre tus hojas la dejo
Un ósculo y un adiós.

Porque tú, que habitas triste
En las soledades, flor,
Los espinos por abrigo,
El césped en derredor,
Por armonías, del aire
La ruda y salvaje voz,
Sin tallo que te sostenga
Cuando, a la lumbre del sol,
Brotando en agua las nubes
Se revientan en turbión;
Tú, flor, que ostentas tan sola
Tan encendido color,
Que me pareces tostada
Al calor de un corazón,
Bien puedes ser mensajera
De un enamorado adiós:
Que tan sola, pobre y débil,
Tan sin follaje ni olor,
De pasar en amargura
Tu existencia de aflicción,
Más razón no se me alcanza
Que tu solitario amor.
Porque expuesta al rudo viento
Y a la intemperie olvidada,
Recuerda tu nacimiento
La soledad y el tormento
Del ánima enamorada.

Porque insensible a otra idea
Que al delirio de tu amor,
El zarzal que te rodea
Y el vendaval que te orea,
Dan encanto a tu dolor.

Ni sientes del cierzo el ala
Que te sacude y arruga,
Ni cómo el tronco te escala,
Hollando la torpe oruga
Tu tosca y silvestre gala.

Ni cómo el áspero espino
Te rasga el manto de grana
Cuando sacude sin tino
Sobre tu pompa liviana
Su ropaje campesino.

Y pues sé, triste amapola,
Que ese encendido color
Que el rojo sol tornasola
No es más que un barniz de amor,
Y por amor vives sola;
Pues yo parto por amores
¡Oh flor! muy lejos de aquí,
Y en ti no he encontrado olores
Como encontré en otras flores
Que por los jardines vi,
En tu cáliz dejo preso
Un ósculo y un adiós;
Si te agobia tanto peso,
Guárdale a mi amor el beso,
Que para ella son los dos.

EL AMOR Y EL AGUA

El Amor.

-Pues en ti, fuente, se mira
Porque su beldad retrates,
Y los rayos de sus ojos
Reverberan tus cristales,
Deja, fuente, que los míos
Agua en tus aguas derramen,
Que las aguas con las aguas
Se borran o se deshacen:

Porque si sueltos dejara
Entrambos a dos raudales,
Pusieran fuego a la tierra
Según al verterlas arden.
Y al menos, como en tus ondas
No han de quedar sus señales,
El consuelo de no verlas
Hará que menos amarguen.

Como a ella, pues, la duplicas
Sus contornos celestiales,
Haz, reflejando mi duelo,
Que yo mismo me acompañe.
Engáñame con mi sombra
Porque yo mismo me engañe
Pensando que lloran dos,
Uno en mí, y otro en mi imagen.

Porque tú no sabes, fuente,
Cuánto endulzan los pesares
Las lágrimas de otro triste
Que llora duelos iguales.
Pero ya que no me guardas,
Por traición o por desaire,
Sobre tus aguas sus formas
Porque yo aquí no las halle,
Deja que, llorando en ellas,
Que salga al jardín aguarde,
Por verla pasar de lejos
Aunque indiferente pase,
Pues he de ser tan humilde
Y tan respetuoso amante,
Que porque no la dé enojos
El disgusto de encontrarme,
He de volverme de espaldas
Mirando hacia tus cristales.

Pero prométeme, fuente,
Que si por fortuna sale,
Cuando yo mire tus ondas,
Tus ondas me la retraten.
Así a tu blando murmullo
Enajenadas las aves;
A compás del agua trinen
Enamorados compases;
Así juguetonas vengan
En tu corriente a bañarse,
Robando al alba matices
Que por tus espejos cambien.
Y tantas a verte acudan,
Que cuando el sol se levante
Piense que, en vez de rocío,
Las nubes lloraron aves.

Así te arrullen las hojas
Que tapizan esos árboles,
Porque no sientan las flores
Que si te adormeces, calles.
Así en ti las flores viertan
El bálsamo de sus cálices
Brotando de hoy a porfía
En tus bordes a millares.

Y así cayendo tus aguas
Desde la taza de jaspes,
A gotas las tornasole
El rojo sol de la tarde,
Y partiéndolas en hebras
Cuando como espejos salen
Las rico, columpie y trence
Suelto y revoltoso el aire.

El Agua

-Bien pensé, Amor, que eras loco,
Mas no que tan loco fueses
Que buscaras en mis ondas
Tus hermosuras rebeldes.
Si las hermosas se miran
En el cristal de las fuentes,
Es porque el perfil se borra
Cuando el lindo rostro vuelven.
Que si en el cristal quedaran
Sus imágenes perennes,
Por celos de aquella copia
No se asomaran a verse.

Vano consuelo es que quieras
Ver la tuya en mi corriente,
Para que viendo tu sombra,
Con tu sombra te consueles.
Porque si tal es el fuego
Que tus turbios ojos vierten,
Tal hará que hierva el agua,
Que tu sombra no refleje.
Mas si al jardín, como dices,
Por tu ventura saliere,
Que la has de volver la espalda
Si te lo persuades, mientes.

Que, o por postrarte a sus plantas
O porque mejor te viere
Iráste loco tras ella
Aunque de verte la pese:
Y si te pinto su imagen
En mis aguas transparentes,
Acaso en tu desvarío
Tanto por ella te ciegues,
Que para abrazarla osado,
Por mis ondas atropelles,
Confundiendo ambos retratos
Con barros, algas y peces.

No extrañes que tal te diga,
Amor, si oírme te ofende,
Que, según lo que deliras,
No es extraño que tal piense.
Y has de saber, pues en premio
De mi compasión me ofreces
Que sol, aves, hojas, flores,
Amorosas me requiebren,
Que aunque tú no lo mandaras,
En esto ellas te obedecen:
Pues si las aves me trinan,
Es porque mis aguas beben;
Si los árboles me arrullan,
Es porque yo les remede;
Si las llores me embalsaman,
Porque mis aguas las rieguen;
Y si el sol me tornasola,
Es porque yo le refleje;
Y el aire es tan galán mío
Que imposible me parece
Que ondular puedan mis hebras
Sin que blando me las bese,
Y revoltoso jugando,
Las rice, columpie y trench.

 

 

WALT WHITMANWhitman

MIENTRAS RECORRO PLAYAS QUE NO CONOZCO

Mientras recorro las playas que no conozco
mientras escucho la endecha
las voces de los hombres y mujeres náufragos
mientras aspiro las brisas impalpables que me asedian
mientras el océano, tan misterioso,
se aproxima a mí cada vez más
yo no soy sino un insignificante madero abandonado por la resaca,
un puñado de arena y hojas muertas
y me confundo con las arenas y con los restos del naufragio.
¡Oh! desconcertado, frustrado, humillado hasta el polvo,
oprimido por el peso de mi mismo
pues me he atrevido a abrir la boca
sabiendo ya que en medio de esa verbosidad cuyos ecos oigo
jamás he sospechado qué o quién soy
a no ser que, ante todos mis arrogantes poemas
mi yo real esté de pie, impasible, ileso, no revelado
señero, apartado, escarneciéndome con señas y reverencias burlonamente amables
con carcajadas irónicas a cada una de las palabras que he escrito
indicando en silencio estos cantos y, luego, la arena en que asiento mis pies.

Ahora sé que nada he comprendido, ni el objeto más pequeño
y qué ningún hombre puede comprenderlo.
La naturaleza está aquí a la vista del mar
aprovechándose de mí para golpearme y para herirme
porqué me he atrevido a abrir la boca para cantar.

Bajad, aguas del océano de la vida,
ya volveréis en la pleamar,
no ceses en tus gemidos, vieja madre cruel
llora sin término por tus hijos abandonados
pero no temas no me niegues
no susurres con voz tan ronca y colérica contra mí
cuando te toco o me aparto de ti.
Os amo tiernamente a tí y a todos
hago provisión para mí y para esta sombra que nos mira
y nos sigue a mí y a lo que me pertenece.

Yo y lo mío, hileras de hierba, pequeños cadáveres,
espuma blanca como la nieve, burbujas.
Ved cómo de mis labios muertos mana el fango al fin
ved cómo los colores del prisma relucen y se agitan
manojos de paja, arenas, fragmentos
puestos a flote por muchos humores contradictorios
por la tempestad, la calma, las tinieblas
las olas embravecidas, pensativos, un hálito, una lágrima salobre
una salpicadura de agua o fango
arrojados igualmente desde las fermentaciones insondables del abismo
uno o dos capullos marchitos, desgarrados igualmente
flotando sobre las olas a la deriva
igualmente para nosotros aquella endecha sollozante de la Naturaleza
nos acompaña el clangor de las trompetas e las nubes
nosotros, caprichosos, traídos aquí no sabemos de dónde
tendidos ante ti, tú allí arriba, caminas o te sientas
quienquiera que seas, también nosotros yacemos náufragos a tus pies.

 

UNA HORA DE ALEGRÍA Y DE LOCURA

¡Una hora de alegría y de locura! ¡Oh furiosa alegría!
¡Oh furiosa alegría! ¡Oh, no me retengáis!
Corazón de las tempestades,
¿qué es lo que late en ti para desencadenarse en mi ser de esta suerte?
¿Qué son mis clamores en medio de los relámpagos y de los vendavales?
¡Ah! ¡Beber el delirio místico más que hombre alguno!
¡Congojas tiernas y salvajes!
(Os las dejo en herencia, hijos míos, os narro por muchos motivos.
¡Oh esposo y esposa!)
¡Oh, abandonarse a vos, quienquiera que seáis!
¡Abandonaros a mí, con desprecio del mundo!
¡Oh , la vuelta al paraíso!
¡Oh, atraeros hacia mí, imprimir en vuestra boca virgen los labios de un hombre resuelto!
¡Oh, el enigma, el triple nudo, el estanque negro y profundo,
todo lo que se desanuda y se ilumina!
¡Oh, abalanzarse en busca de espacio y de aire!
¡Libertarse de los lazos y de las convenciones anteriores, yo de los míos, vos de los vuestros!
¡Hallar una despreocupación nueva, inimaginada, capaz de poner a prueba la mayor fortaleza!
¡Desenmordarse la boca!
Tener el sentimiento – hoy o cualquier otro día – de que me basto a mi mismo, tal como soy.

Sentir algo no sentido aún! ¡En espasmo, en angustia, en éxtasis!
¡Escapar íntegramente de las anclas y de los garfios ajenos!
¡Bogar libremente! ¡Amar libremente! ¡Abalanzarse temerario y amenazador!
¡Buscar la destrucción, insultándola, invitándola!
¡Subir, cernerse en el mediodía del amor, como en una revelación!
¡Volar con el alma ebria!
¡Perderse, si es necesario!
¡Alimentar el resto de mi vida con una sola hora de plenitud y de libertad!
¡Con una breve hora de locura y de felicidad!

 

NO LA DEJES IR

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:
el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

Pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas…

AUTORES VARIOS 

(No recuerdo sus nombres)

Los mostradores de cinc pasan por las cloacas,
a lluvia vuelve a ascender hasta la luna;
en la avenida una ventana nos revela una mujer desnuda.
En los odres de las sábanas hinchadas,
en los que respiran la noche entera,
el poeta siente que sus cabellos crecen y se multiplican.

El rostro obtuso de los techos contempla los cuerpos extendidos.
Entre el cielo y los pavimentos la vida es una pitanza profunda.
Poeta, lo que te preocupa nada tiene que ver con la luna;
la lluvia es fresa, el vientre está bien.

Mira cómo se llenan los vasos en los mostradores de la tierra.
La vida está vacía, la cabeza está lejos.
En alguna parte un poeta piensa.
No tenemos necesidad de la luna,
la cabeza es grande, el mundo está atestado.

En cada aposento el mundo tiembla,
la vida engendra algo que asciende hacia los techos.
Un mazo de cartas flota en el aire alrededor de los vasos;
humo de vinos, humo de vasos y de las pipas de la tarde.
En el ángulo oblicuo de los techos de todos los aposentos que tiemblan,
se acumulan los humos marinos de los sueños mal construidos.

Porque aquí se cuestiona la vida y el vientre del pensamiento;
las botellas chocan con los cráneos de la asamblea aérea.
El verbo brota del sueño como una flor
o como un vaso lleno de formas y de humos.
El vaso y el vientre chocan;
la vida es clara en los cráneos vitrificados.
El areópago ardiente de los poetas se congrega alrededor del tapete verde,
el vacío gira.
La vida pasa por el pensamiento del poeta melenudo.
En la calle sólo una ventana, las cartas mezcladas suenan.
En la ventana la mujer sexuada somete su vientre a discusión.

(Estos poemas no sé de quién son, pero me los enviaron y me gustan…)

Bajo tu bata de seda
los sentidos se agitaban,
y resbalaron mis manos
a lo largo de tu espalda.
Percibí el deseo ardiente
surgir como llamarada
que, bajo la superficie
de la piel, quema y se arrastra;
como un arrollo de fuego
subterráneo en las entrañas.

Tus labios sobre mis labios
y tu lengua húmeda y cálida
deslizándose atrevida
en búsqueda de la hermana.
Tus manos exploradoras
en expediciones largas,
descendían decididas
hacia la presa de caza.

Cómo te amé aquella noche,
sin temores, sin cautelas,
sin pasados de amarguras,
sin futuros de tinieblas.

Cómo me amaste, tal dulce,
tan radiante de belleza,
tan entregada sin dudas,
sin preguntas, sin respuestas.

Bailamos sin percibirlo,
bailamos la noche entera,
deteniendo en la clepsidra
el descenso de la arena.

Y al amanecer nos fuimos,
sin haber visto siquiera
si los músicos sembraban
su melódica cosecha.
O si los otros amantes
se besaban en sus mesas.

Se había esfumado el mundo,
y sólo había una senda
por donde tú y yo marchamos
a la luz de las estrellas.

¿POR QUÉ?

Si la llama de amor me abrasa el alma
y sus ojos sonríen al mirar,
si sus palabras brotan con dulzura,
¿por qué tengo deseos de llorar?

Sin tan cerca de mí está y tan adentro
que casi la podría acariciar,
si sus labios me invitan con un beso,
¿por qué tengo deseos de llorar?

Si reclina en mi hombro su cabeza
y me recita un verso al caminar,
y mi brazo circunda su cintura,
¿por qué tengo deseos de llorar?

Si al despertar la encuentro a mí abrazada
y al dormir resplandece en mi soñar,
si escucha mi canción, y yo la suya,
¿por qué tengo deseos de llorar?

Si brilla en mi interior como una antorcha,
y es esperanza en el desesperar,
si piensa en mí cuando yo pienso en ella,
¿por qué tengo deseos de llorar?

Si me alimenta su espíritu poético,
y su delicadeza al conversar,
si es para mí un tesoro de ilusiones,
¿por qué tengo deseos de llorar?

TU SOMBRA

Sin vacilar, tu sombra fugitiva
desliza imperceptible tu figura
bajo mi puerta, cada noche oscura,
abrazándose a mí, tensa y lasciva.

Indiferentemente insensitiva
al sueño de mi esposa, me preocupa
el raudal de placeres de locura
de esta pasión fatal que me cautiva.

¡Qué deliciosa, ardiente mensajera,
vibrante cual redoble de campana,
yaciendo junto a mi la noche entera!

¡Qué plenitud de sentimientos mana
de esta sombra gentil, al irse afuera
con el primer albor de la mañana!

CREPÚSCULO DE MUJER

¿Que buscas, mujer triste y dolida,
de sonrisa fugaz, paso sin huella?
el resplandor lejano de tu estrella
se extingue ya, y te deja estremecida.

Es tu futuro calle sin salida
la niña en ti durmió una noche bella
sin poder despertar; y la doncella
se perdió en los caminos de la vida.

Acunas soledad en tu regazo
y te devora el ansia de ser fuerte
por falta de apoyo de otro brazo.

Y el tiempo va empujando tu alma inerte,
inexorable a golpes de su mazo,
hacia los arrabales de la muerte.

AMOR VIOLENTO

Hiéreme sin piedad en los sentidos
para lanzarme sobre ti violento;
azótame con tu furioso viento;
provoca mis instintos encendidos.

No temas al oír los alaridos
del salvaje animal, feroz y hambriento:
rudo será el asalto, no sangriento,
al hallar tus cuarteles defendidos.

Escalará los muros, agitando
su melena en el aire altivamente
y avanzará mordiendo y desgarrando.

Dominará tus miembros y tu mente,
y hará verdad lo que tú estás soñando
de ser violada voluntariamente.

A LA ESPERA

De nuevo me negaste la palabra,
y el recelo, tocándome en el hombro,
comenzó a susurrar cosas amargas.

Intenté no escucharle, y me habló fuerte.
Me tapé los oídos, y dió gritos.
Corrí, y me persiguió. Yo estaba inerme.

Sólo tú, en tu llamada, hubieras dado
paz a mis pensamientos … Vana espera:
el teléfono mudo, el tiempo largo.

¿Despierta como yo? ¿quizá durmiendo?
No sé; sólo sentí que me empujabas
lejos de tu velar y de tus sueños.

ELLA

Lucho contra la piedra helada y dura
sepulcro de tu espíritu, y espero
la feliz arribada de una aurora
portando el germen fecundante y nuevo
de la resurrección para las almas
que no hallaron paz ni entre los muertos.

Fue una tarde primaveral, ¿recuerdas? Era
fría y desapacible. En el espejo
de tu mirada azul radiante, un hombre.
Las hojas, agitadas por el viento,
danzaban en confuso remolino.

Una canción dentro de ti… Del cielo
Vino la lluvia, somnolienta y triste.
Surgió la niebla impenetrable. Luego
el cristal se empañó. Cesó tu canto.
Una campana golpeó a lo lejos.

Huyó difuminada la figura,
y tan sólo quedó un presentimiento
en el amargo fondo. Para siempre.
Sufrió tu corazón, pero en silencio.

Esto no ha sido ayer. Días y meses,
unos tras otros han ido muriendo.
Sin embargo la paz no te conoce,
Y aún hay dolor oculto en los recuerdos.

No has logrado olvidar. ¿Lo has intentado?
¿O todavía esperas el regreso
del marinero que levó anclas,
y zarpó, abandonándote en el puerto?.

La brutal sacudida en tu alma joven
dejó unas ruinas. No ha logrado el tiempo,
que todas las heridas cicatriza,
restaurar el castillo de tus sueños.

¿eres como pareces? Tu alegría
¿es esencial, o sólo es un remedo?
¿No tratas de embriagarte con sonrisas
cuando una garra cruel, dentro, muy dentro,
araña, rasga, oprime y envenena
el frágil nido de los sentimientos?

Quieres huir del hoy y del mañana;
vives en el ayer. ¡Despierta! El eco
del pasado ya se ha desvanecido.

Tienes la vida entera enfrente, y eso
vale más que un amor infortunado.
No estás sola en el mundo. Yo te espero.

AMOR AUSENTE

Fue un amor a distancia, absorbente y profundo,
que vertió luz intensa sobre mi estéril mundo.

Fue el clamor estentóreo de vibrante campana,
resucitando el eco de una pasión temprana.

Vino como una musa, recitando cantares,
filtrándose en mi arena, subiendo a mis altares.

La percibí a mi lado como una frágil rosa
abriéndome sus pétalos, ingenua y temblorosa.

Se me adentró en el alma, y navegó en mis venas,
Arrasando a su paso mi muro y mis almenas.

Galvanizó mi entraña con la encendida furia
De una sed insaciable de candente lujuria.

La contemple desnuda, dulce y acogedora,
agresiva y violeta, crepúsculo y aurora.

Depositó en mis labios sus labios, entregados
a amar con besos tenues y besos prolongados.

Y al acercar mi boca a los duros pezones
sentí el salvaje instinto de tigres y leones..

Sus muslos me ofrecían la invitación callada
de atravesar su carne al filo de mi espada.

Palpé su piel vibrante, su vientre estremecido,
y la humedad ardiente del recóndito nido.

Era un canto a la vida, manojo de temblores,
Estallido en la sombra de ocultos interiores.

Y era el rumor alegre del agua entre las rocas,
Y el clarín que se anuncia con esperanzas locas.

Y un firmamento cálido, envolviendo en su seno
el murmullo del aire y el rugido del trueno.

Y una lluvia ligera su ternura incesante,
Y un huracán furioso sus pasiones de amante.

Y al despertar del sueño que soñaba despierto,
sin haber recogido las rosas de su huerto,

abrumado del peso sentido en el instante,
maldije los amores del amante distante.

RECUERDO

Desde la torre de mi edad sombría
volví el rostro al paisaje de mi historia.
La nube parda y gris de la memoria
me oprime el alma esta mañana fría.

Pienso en ti con amor de lejanía…
Qué malogrado amor, sin paz ni gloria,
que vio los cangilones de mi noria
vacíos de placer, no de agonía!

¿Dónde van los ocultos pensamientos
de tu alma azul, como las rosas pura?
¿Persisten los febriles sentimientos

o sólo el eco de pasión perdura?
Dentro, en mi torre, ululan los lamentos,
revistiendo mis sueños de amargura.

VUELVE

Apenas te he encontrado, y ya te has ido;
¡qué soledad de noche ahora me espera!
te llevaste al partir la primavera,
y me dejaste sólo en mi gemido.

Todo a mi alrededor ha sucumbido;
se ha detenido el tiempo en su carrera.
y se ha muerto la música que hiciera
el eco de tus pasos en mi oído.

No sé si has de volver, pero confío
que tu sonrisa seguirá irradiando
el calor que animó mi cuerpo frío.

Mi oscuro invierno te estará esperando
como a la luz del sol en el estío;
y además de esperar, te estará amando.

 

JOSÉ ÁNGEL VALENTEValente1

ODA A LA SOLEDAD

Ah soledad,
Mi vieja y sola compañera,
Salud.

Escúchame tú ahora
Cuando el amor
Como por negra magia de la mano izquierda
Cayó desde su cielo,
Cada vez más radiante, igual que lluvia
De pájaros quemados, apaleado hasta el quebranto, y quebrantaron
Al fin todos sus huesos,
Por una diosa adversa y amarilla
Y tú, oh alma,
Considera o medita cuántas veces
Hemos pecado en vano contra nadie
Y una vez más aquí fuimos juzgados,
Una vez más, oh dios, en el banquillo
De la infidelidad y las irreverencias.

Así pues, considera,
Considerate, oh alma,
Para que un día seas perdonada,
Mientras ahora escuchas impasible
O desasida al cabo
De tu mortal miseria
La caída infinita
De la sonata opus
Ciento veintiséis
De Mozart
Que apaga en tan insólita
Suspensión de los tiempos
La sucesiva imagen de tu culpa

Ah soledad,
Mi soledad amiga, lávame,
como a quien nace, en tus aguas australes
y pueda yo encontrarte,
descender de tu mano,
bajar en esta noche,
en esta noche septuple del llanto,
los mismos siete círculos que guardan
en el centro del aire
tu recinto sellado.

 

NO INUTILMENTE

Contemplo yo a mi vez la diferencia
Entre el hombre y su sueño de más vida,
la solidez gremial de la injusticia,
La candidez azul de las palabras.

No hemos llegado lejos, pues con razón me dices
Que no son suficientes las palabras
Para hacernos más libres.

Te respondo
Que todavía no sabemos
Hasta cuándo o hasta dónde
Puede llegar una palabra.

Quién la recogerá ni de qué boca
Con suficiente fe
Para darle su forma verdadera.

Haber llevado el fuego un solo instante
Razón nos da de la esperanza.

Pues más allá de nuestro sueño
Las palabras, que no nos pertenecen,
Se asocian como nubes
Que un día el viento precipita
Sobre la tierra
Para cambiar, no inútilmente, el mundo.

 

 TIRSO DE MOLINA

Tirso

 

CHISPAS

¿Cómo amor, te llaman ciego,
si te engendras de mirar?
¿Por qué tiemblas al hablar
si te dan nombre de fuego?

¿Por qué quitas el sosiego
si el mundo paz te ha llamado?
¿Cómo eres rey sin estado?
¿Cómo Dios si estás desnudo?

¿Cómo elocuente, si mudo?
¿Cómo cobarde, si osado?
De burlas matarme esperas
cuando de mi amor te burlas;
llégame el amor de burlas
y héme abrasado de veras.

Dos días tienen de gusto
las mujeres, si no yerran
los que sus acciones tasan,
y son: el que se casan,
y el que su marido entierran.

Calle el alma lo que siente
porque sienta lo que calla,
que amor que palabras halla,
tan falso es como elocuente.

Amante que fue querido
y ruega menospreciado,
muestras da de afeminado
cuando se humilla ofendido.

Sale el sol por el cielo luminoso
las nubes pardas de oro perfilando,
y con su luz los montes matizando
ilustra el campo su zafir hermoso.

Veloz pasa su curso muy furioso
y cuando la quietud solicitando
halla otro mundo que voceando
al sol le pide su esplendor hermoso,
a la campaña salgo defendido
de fuertes rayos de mi estoque ardiente
a quien se rinde el bárbaro vencido.

Y cuando del descanso solamente
busco un instante, torpe mi sentido
me acomete el amor eternamente.

Del castizo caballo descuidado
el hambre y apetito satisface
la verde hierba que en el campo nace,
el freno duro del arzón colgado;
mas luego que el jaez de oro esmaltado
le pone el dueño, cuando fiestas hace,
argenta espuma, céspedes deshace,
con el pretal sonoro alborozado.

Del mismo modo entre la encina y roble,
criado con el rústico lenguaje,
y vistiendo sayal tosco he vivido;
mas despertó mi pensamiento noble,
como al caballo, el cortesano traje:
que aumenta la soberbia el buen vestido.

El tardo buey atado a la coyunda
la noche espera y la cerviz levanta,
y el que tiene el cuchillo a la garganta
en alguna esperanza el vivir funda.

Espera la bonanza, aunque se hunda,
la nave a quien el mar bate y quebranta.
Sólo el infierno causa pena tanta
porque de él la esperanza no redunda.

Es común este bien a los mortales,
pues quien más ha alcanzado, más espera,
y a veces el que espera, el fin alcanza.

Mas a mí la esperanza de mis males
de tal modo me aflige y desespera,
que no puedo esperar ni aun esperanza.

Un año, cielos, ha que amor me obliga
a la dicha mayor que darme pudo;
que, en fin, de puro dar, anda desnudo,
y por tener que dar, pide y mendiga.

A Sirena me dio, porque le siga,
en amoroso e indisoluble nudo;
mas con tal condición, que siendo mudo,
goce callando: ¡viose tal fatiga!

Callar y poseer sin competencia,
aunque el bien es mayor comunicado,
posible cosa es, pero terrible;
mas que tanto aquilaten la paciencia
que obliguen, si el honor anda acosado,
a que calle un celoso, es imposible.

 

SAN JUAN DE LA CRUZ

SJdelaCruz
COPLAS DEL ALMA QUE PENA POR VER A DIOS

Vivo sin vivir en mí
y de tal manera espero
que muero porque no muero.

I

En mí yo no vivo ya
y sin Dios vivir no puedo
pues sin él y sin mí quedo
éste vivir qué será?

Mil muertes se me hará
pues mi misma vida espero
muriendo porque no muero.

II

Esta vida que yo vivo
es privación de vivir
y así es continuo morir
hasta que viva contigo.

Oye mi Dios lo que digo
que esta vida no la quiero
que muero porque no muero.

III

Estando ausente de ti
qué vida puedo tener
sino muerte padecer
la mayor que nunca vi?

Lástima tengo de mí
pues de suerte persevero
que muero porque no muero.

IV

El pez que del agua sale
aun de alivio no carece
que en la muerte que padece
al fin la muerte le vale.

Qué muerte habrá que se iguale
a mi vivir lastimero
pues si más vivo más muero?

V

Cuando me pienso aliviar
de verte en el Sacramento
házeme más sentimiento
el no te poder gozar
todo es para más penar
por no verte como quiero
y muero porque no muero.

VI

Y si me gozo Señor
con esperanza de verte
en ver que puedo perderte
se me dobla mi dolor
viviendo en tanto pavor
y esperando como espero
muérome porque no muero.

VII

Sácame de aquesta muerte
mi Dios y dame la vida
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero
que muero porque no muero.

VIII

Lloraré mi muerte ya
y lamentaré mi vida
en tanto que detenida
por mis pecados está.
Oh mi Dios!, cuándo será
cuando yo diga de veros
vivo ya porque no muero?
Entréme donde no supe
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

I

Yo no supe dónde entraba,
pero cuando allí me vi
sin saber dónde me estaba
grandes cosas entendí
no diré lo que sentí
que me quedé no sabiendo
toda ciencia trascendiendo.

II

De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida vía recta
era cosa tan secreta
que me quedé balbuciendo
toda ciencia trascendiendo.

III

Estaba tan embebido
tan absorto y ajenado
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo
toda ciencia trascendiendo.

IV

El que allí llega de veros
de sí mismo desfallece
quanto sabía primero
mucho baxo le paresce
y su sciencia tanto cresce
que se queda no sabiendo,
toda sciencia tracendiendo.

V

Cuanto más alto se suve
tanto menos se entendía
que es la tenebrosa nuve
que a la noche esclarecía
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda sciencia tracendiendo.

VI

Este saber no sabiendo
es de tan alto poder
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer
que no llega su saber
a no entender entendiendo
toda sciencia tracendiendo.

VII

Y es de tan alta excelencia
aqueste summo saber,
que no ay facultad ni sciencia
que la puedan emprender
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
yrá siempre tracendiendo.

VIII

Y si lo queréis oýr
consiste esta summa sciencia
en un subido sentir
de la dibinal esencia
es obra de su clemencia
hazer quedar no entendiendo
toda sciencia tracendiendo.

 

 

SANTA TERESA DE  JESÚSsteresa

No me mueve, mi Dios para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tu me mueves. Señor, muéveme al verte
clavado en una cruz escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infinito, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Ya toda me entregué a ti,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Nacidos del fuego del amor de Dios que en sí tenía y similares a los de S.J. de la Cruz

Vivo sin vivir en mí,
y tal alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor,
porque vivo en el Señor
que me quiso para sí.

Cuando el corazón le di,
Puso en él este letrero:
que muero porque no muero.

Esta divina prisión
del amor con que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay! ¡Qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Solo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay! ¡Qué vida tan amarga
de no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga;
quítame Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Solo con la confianza
Vivo de que he de morir,
¡porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte:
vida, no me seas molesta;
mira que solo te resta,
para ganarte, perderte;
venga ya la dulce muerte,
venga el morir muy ligero,
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba
es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mi
si no es perderte a ti,
para mejor a Él gozarle?.
Quiero muriendo alcanzarle,
pues a Él solo es el que quiero,
que muero porque no muero.

Lástima tengo de mí,
por ser mi mal tan entero,
que muero porque no muero.

 

RABINDRANAZ TAGOREtagore
AFORISMOS

Como las gaviotas y las olas nos encontramos y nos unimos.
Se van las gaviotas volando, se van rodando las olas;
y nosotros también nos vamos.

Si de noche lloras por el sol, no veras las estrellas.
La luz del sol me saluda sonriendo.
La lluvia, su hermana triste, me habla en el corazón.

Si echo mi misma sombra en mi camino, es porque hay una lámpara en mí que no ha sido encendida.
Tu sol sonríe en los días de invierno de mi corazón y no duda jamás de las flores de su primavera.

Cuando el día cae, la noche lo besa y le dice al oído:
’Soy tu madre la muerte, y te he de dar nueva vida’.
El misterio de la vida es tan grande como la sombra en la noche.
La ilusión de la sabiduría es como la niebla del amanecer.
Leemos mal el mundo, y decimos luego que nos engaña.

13

La canción que yo vine a cantar no ha sido aún cantada.
Mis días se me han ido afinando las cuerdas de mi arpa; pero no he hallado el tono justo y las palabras no venían bien.
¡Sólo la agonía del afán en mi corazón!
Aún no ha abierto la flor, sólo suspira el viento.

No he visto su cara ni he oído su voz; sólo oí sus pasos blandos, desde mi casa, por el camino.
Todo el día interminable de mi vida me lo he pasado tendiendo en el suelo mi estera para él; pero no encendí la lámpara y no puedo decirle que entre.
Vivo con la esperanza de encontrarlo; pero ¿cuándo le encontraré?

100

Desciendo a las profundidades del mar de las formas, en busca de la perla perfecta de lo que no la tiene.
No más este navegar, de puerto en puerto, con mi barco viejo de naufragios.
Ya se fueron los días en que era mi gozo ser juguete de las olas.
Y ahora tengo ansia de morir en lo inmortal.
Llevaré el arpa de mi vida al tribunal que está junto al abismo sin fin de donde sube la música no tocada.
Y acordaré mi música con la música de lo eterno y cuando haya cantado su sollozo último,
pondré mi arpa muda a los pies de lo callado.

21

¿Cuándo echaré mi barca en la mar? Las horas lánguidas se me pasan en la orilla, ¡ay!
La primavera acabó de florecer y se ha ido. Y cargado de vanas flores marchitas, espero y tardo.
Se han puesto las olas clamorosas y en la vereda en sombra de la orilla,
las hojas amarillas aletean y caen.
¿Qué miras, di, en el vacío? ¿No sientes estremecerse el aire de una canción lejana que viene, flotando, de la otra orilla?

43

Fue un día en que yo no te esperaba. Y entraste, sin que yo te lo pidiera, en mi corazón, como un desconocido cualquiera, Rey mío; y pusiste tu sello de eternidad en los instantes fugaces de mi vida.
Y hoy los encuentro por azar, desparramados en el polvo, con tu sello, entre el recuerdo de las alegrías y los pesares de mis anónimos días olvidados.
Tú no desdeñaste mis juegos de niño por el suelo; y los pasos que escuché en mi cuarto de juguetes con los mismos que resuenan ahora de estrella en estrella.

 

ALFONSINA STORNIstorni

TU ME QUIERES BLANCA

Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.

Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.

Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.
Tú que hubiste todas

Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.

Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.

Tú que en los jardines
Negros del Engaño
Vestido de rojo
Corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;

Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y lévate al alba.

Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.

LA CARICIA PERDIDA

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos… En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá? .

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida, rodará… rodará…
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

 

NOCHE LÚGUBRE

Estaba la noche compacta y sombría
Cuando me detuve de golpe a tu puerta,
Tu puerta de oro donde estaba escrito:
¡golpea, viajera!.

Estaba tu casa rodeada de plantas
Y llenas de luces en medio a la estepa;
Sonaban laudes, trepaban rosales

Por sobre las verjas.
¡Ábreme! Mi grito resonó en la noche
y huyeron del cielo todas las estrellas…
¡Ábreme! Mi grito se hinchó en el desierto,

Palpitó la arena.
Rebaños de lobos hambrientos me siguen,
Serpientes y tigres, leones y hienas,
Me buscan los rastros, me siguen a prisa,

Ábreme tu puerta.
Dame un rincón blando dentro de tu pecho
Para que repose, toma las cadenas
Que oponen mis brazos y cárgalas, ponme
Piadoso tus vendas.

Me echaré a tus plantas, humilde, sumisa,
Guardaré tus ojos, beberé tus penas,
Viviré de tu alma, pero dame, dulce,
Dame el alma entera.

Te asomaste entonces; debajo tus mano
Como la esperanza se movió tu puerta:
Miraste mis ojos, mis ojos sombríos,
Mi boca en tormenta.

Miraste el desierto y aullidos de lobos,
Silbidos de sierpes, rugidos de hienas
Sonaron terribles. Las sombras estaban
Compactas y negras.

Me buscan, me siguen, repetí temblando…
(mis ojos echaban la luz de una hoguera.)
Me buscan, me siguen… Rasgarán mis manos,
Comerán mi lengua.

Pero tu mirada se volvió de hielo;
Queman demasiado tus ojos viajera,
Me dijo tu boca, sigue tu camino,
No es tuya mi puerta.

Mi casa es de sombras, de dulce reposo,
De apacible aroma, de tranquilas selvas,
Me traes la noche, mujer, en tus manos
Se va la tormenta.

Camino al destierro me volví gritando:
Leones y tigres, serpientes, panteras,
Rasgadme las carnes, liberadme el alma,
¡Oh malas, sed buenas!…

Una a una luego por el lado mío,
Piadosas y tristes pasaron las fieras…
¡Cerrada tu alma!… ¡Cerrada tu alma!…
no había una estrella.

 

UN SOL

Mi corazón es como un sol sin lengua,
Mudo se está a la espera del milagro,
He amado mucho, todo mi amor fue magro,
Que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme,
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
Pero yo espero algún amor-natura
Capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto
Y me haga brotar ramas sensitivas,
Soy una selva de raíces vivas,
Sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
Distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En donde está el espíritu sombrío
De cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
Yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida…
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.

INCURABLE

No me digas hombre que debo morirme
Porque ya lo sé
Tanto me lo han dicho, tanto lo repito
Que ya me cansé.

Si debo morirme mejor para todos,
Mejor para mí.
Mientras tanto canta cigarra alocada,
Liba colibrí.

Florece pradera, trigal ponte espeso,
Me gustas trigal,
Me gustas, oh cielo, me gustas aurora,
Me gustas rosal.

No sé que tengan los mundos de oro
Que mis ojos ven…
Alma que divagas, confórmate alegre
Con lo que te den.

Mira cómo es bella la noche que reza,
Cómo es bello el mar…
Alma que preguntas, sobre sus oleajes
Échate a bogar.

Cae de rodillas, alma miserable
Que no sabes ver.
Cae de rodillas… es todo sublime
El ser y el no ser.

Este cielo es tuyo, es tuya la vida,
Sábela tomar,
Aprende una cosa, la que menos sabes,
Aprende a gozar.

(después de todo esto se dice mi alma,
la pobre alma mía se pone a llorar…)

 

AMARGA

Has podido sentirme dentro del alma
Como una estrella blanca dentro del cielo,
Pero ha sido mentido mi dulce anhelo,
¡No tienes alma!.

Has podido sentirme sobre tu pecho
Como lirio de nieve sobre una roca,
Pero ha sido al quererte mi suerte poca,
¡No tienes pecho!

Yo te pedía cielo, me diste tierra,
Yo te pedía estrellas, me diste besos,
No entendiste lo grave de tus excesos,
¡Me diste tierra!

El amor nuestro pudo ser aurora
Y sólo fue un poniente triste y sombrío.
Fuera en vano la enmienda de tu desvío,
¡Pasó la aurora!

No extrañes que sin orden y sin destino
Para mi frente corte pámpanos griegos;
Mis ojos han perdido llantos y ruegos:
Fue mi destino.

 

HABLO CONMIGO

¿Por que mi mano que acaricia estruja?
¿Por que estoy ciega cuando puedo ver?
Pregúntale a los astros que se mueven.
Yo no lo sé.

¿Por qué las flores se me vuelven piedras?
¿Por qué en acíbar se me va la miel?
Pregúntale a los vientos que varían.
Yo no lo sé.

¿Por qué la primavera se me hiela?
¿Por qué bebiendo siempre tengo sed?
Pregúntaselo a las faces de la luna.
Yo no lo sé.

¿Por qué la más humilde, la más buena,
Me ahogo una copa de ácidos y hiel?
Pregúntale a los días que se nublan.
Yo no lo sé.

¿Por qué no pido ni una gota de agua
Yo que mendiga soy desde el naces?
Pregúntale a la atmósfera que cambia.
Yo no lo sé.

¿Por qué si el mundo pesa en mis espaldas
Amo ese peso y no andaré sin él?
Pregúntale a Dios, si lo conoces.
Yo no lo sé.

¿Por qué una noche, si lo odiaba, luna,
Bajo tus luces claras lo besé?
Pregúntale a los ojos de aquel hombre.
Yo no lo sé.

 

MORIR SOBRE LOS CAMPOS

Yo quiero que me dejen morir sobre los campos
Tendido el cuerpo enfermo. Me traiga el sol sus lampos
Y abriéndome las venas su calor bendito
Venga a mí caricias de todo lo infinito.

Que no escuche la hora solemne de mi muerte
La palabra del hombre que oraciones me advierte.
Que no venga mi madre a besarme las manos,
Que me den al olvido los recuerdos humanos.

Que me dejen tendida, solita en la llanura,
Y sólo el sol se vuelque portador de blancura
Sobre mi cuerpo pobre, sobre mi cuerpo enfermo
Como un pájaro helado que aún palpitara yermo.

Porque así moriré sabiendo que el pecado
No es tal; que si en las flores del jardín he libado
¡Eran mías sus flores y arranqué las corolas
Como el mar ha el derecho de sacudir sus olas!.

Porque así seré buena: olvidaré ambiciones;
Justísima , serena, perdonaré traiciones
Y borracha de sol en la hora postrera
Tendré un beso en los labios lleno de primavera.

Moriré en la verdad. ¡Sabré de mis errores,
Mis bondades, mis sueños, sólo son los señores
Que del castillo erguido en mi alma de atea
Saliéronle a la vida recabando pelea!.

Pero que no me tiendan sobre el lecho mezquino
Para morir. No pongan tono vespertino
En mi cuarto pequeño donde se oiga silente
El llanto de la madre que despide al muriente.

Porque acaso mi alma, libre hoy de cobardía,
Se haga como mi cuerpo, pobre, sin energía,
Y demande perdón por el dulce pecado
De haber libado miel el en huerto sagrado.

O acaso, sin derecho, ya que la vida aquesta
Se me brindó su acíbar me dio toda su fiesta,
Ya me sienta rebelde y maldiga la hora
En que bebí dolor en la copa traidora …

¡Oh! ¡No! Toda paz para morir deseo;
Mi sentimiento asceta que el pesar hizo ateo
Quiere serenidad … ¡Morir sobre los campos
Tendida y en mi cuerpo deshaga el sol sus lampos!

CAPRICHOS

Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca,
sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
dame a beber veneno, el malvado veneno
que te moja los labios a pesar de ser bueno.

Pero no me preguntes, no me preguntes nada
de porqué lloré tanto en la noche pasada;
las mujeres lloramos sin saber, porque sí;
es esto de los llantos pasaje baladí.

Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
un mar un poco torpe, ligeramente estulto.
Que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
y hasta lo manejamos con una difícil ciencia…

No preguntes, amado, lo debes sospechar;
en la noche pasada no estaba quieto el mar,
nada más. Tempestades que las trae y las lleva
un viento que nos marca cada vez costa nueva.

Sí, vanas mariposas sobre jardín de Enero,
nuestro interior es todo sin equilibrio y huero
luz de cristalería, fruto de carnaval
decorado en escenas de serpientes del mal.

Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
movilidad absurda de inconsciente coqueta…
deseamos y gustamos la miel de cada copa
y el cerebro tenemos de pajillas y estopa.

Bien; no, no me preguntes. Torpeza de mujer,
capricho, amado mío, capricho debe ser.
Oh, déjame que ría…¿No ves qué tarde hermosa?
espínate las manos y córtame esa rosa.

YO EN EL FONDO DEL MAR

En el fondo del mar
hay una casa de cristal.
A una avenida
de madréporas da.

Un gran pez de oro,
a las cinco,
me viene a saludar.

Me trae
un rojo ramo
de flores de coral.

Duermo en una cama
un poco más azul
que el mar.

Un pulpo
me hace guiños
a través del cristal.

En el bosque verde
que me circunda
din don… din dan…
se balancean y cantan
las sirenas
de nácar verdemar.

Y sobre mi cabeza
arden, en el crepúsculo,
las erizadas puntas del
mar.

ALFONSINA Y EL MAR (canción)

Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más
y un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda
y un sendero solo de penas puras llegó
hasta la espuma.

Sabe Dios que angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas
la canción que canta en el fondo oscuro del mar
la caracola.

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Y una voz antigua de viento y de mar
te requiebra el alma
y la está llamando
y te vas, hacia allá como en sueños,
dormida Alfonsina, vestida de mar.

Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado.

Y los habitantes del agua van a nadar
pronto a tu lado.
Bájame la lámpara un poco más
déjame que duerma, nodriza en paz
y si llama él no le digas que estoy,
dile que Alfonsina no vuelve.
Y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Y una voz antigua de viento y de mar
te requiebra el alma
y la está llamando
y te vas, hacia allá como en sueños,
dormida Alfonsina, vestida de mar.

Música y Letra de:

Ariel Ramires y Felix Luna
(Su primer interprete fue: León Gieco)

 

 

WILLIAM SHAKESPEAREshakespeare

Pobre alma, centro de culpable limo
a la que burla, indócil, quien la ciñe,
¿por qué adentro sufrir afán y hambre
sin pintar lo exterior de alegre lujo?
Si el contrato es tan breve, ¿por qué gastas
ornando tu morada pasajera?
¿Tendrá por fin tu cuerpo sustentar
al gusano que herede tu derroche?
Vive, alma, a expensas de tu servidor;
que aumenten sus fatigas tu tesoro;
y cambia horas de espuma por divinas.

Sé rica adentro, en vez de serlo afuera.
Devora tú a la Muerte y no la nutras,
pues si ella muere, no podrás morir.

 

Poor soul, the centre of my sinful earth,
Fool’d by these rebel powers that thee array,
Why dost thou pine within and suffer dearth,
Painting thy outward walls so costly gay?
Why so large cost, having so short a lease,
Dost thou upon thy fading mansion spend?
Shall worms, inheritors of this excess,
Eat up thy charge? is this thy body’s end?
Then, soul, live thou upon thy servant’s loss,
And let that pine to aggravate thy store;
Buy terms divine in selling hours of dross;
Within be fed, without be rich no more:
So shalt thou feed on Death, that feeds on men,
And, Death once dead, there’s no more dying then.

 

Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos
y ahonden surcos en tu prado hermoso,
tu juventud, altiva vestidura,
será un andrajo que no mira nadie.

Y si por tu belleza preguntaran,
tesoro de tu tiempo apasionado,
decir que yace en tus sumidos ojos
dará motivo a escarnios o falsías.

¡Cuánto más te alabaran en su empleo
si respondieras : – ” Este grácil hijo
mi deuda salda y mi vejez excusa “,
pues su beldad sería tu legado!
Pudieras, renaciendo en la vejez,
ver cálida tu sangre que se enfría.

Derrochador de encanto, ¿por qué gastas
en ti mismo tu herencia de hermosura?
Naturaleza presta y no regala,
y, generosa, presta al generoso.

Luego, bello egoísta, ¿por qué abusas
de lo que se te dio para que dieras?
Avaro sin provecho, ¿por qué empleas
suma tan grande, si vivir no logras?
Al comerciar así sólo contigo,
defraudas de ti mismo a lo más dulce.

Cuando te llamen a partir, ¿qué saldo
podrás dejar que sea tolerable?
Tu belleza sin uso irá a la tumba;
usada, hubiera sido tu albacea.

Cuando pienso que todo lo que crece
su perfección conserva un mero instante;
que las funciones de este gran proscenio
se dan bajo la influencia de los astros;
y que el hombre florece como planta
a quien el mismo cielo alienta y rinde,
primero ufano y abatido luego,
hasta que su esplendor nadie recuerda:
la idea de una estada tan fugaz
a mis ojos te muestra más vibrante,
mientras que Tiempo y Decadencia traman
mudar tu joven día en noche sórdida.

Y, por tu amor guerreando con el Tiempo,
si él te roba, te injerto nueva vida.
¿Cómo puedo elogiarte con modestia
cuando tú eres de mí la mejor parte?
¿Qué me puede otorgar mi propio elogio
y qué hago con tu elogio sino el mío?
Vivamos separados, y que pierda
su nombre de indiviso nuestro amor,
para que pueda darte, al separarnos,
lo que mereces tú, tú solamente.

¡Oh ausencia, cuál sería tu suplicio,
si tu amarga quietud no nos dejara
burlar al tiempo en el amor pensando,
engaño dulce del pensar y el tiempo,
y no enseñaras a hacer dos con uno,
aquí elogiando a quien está distante!

No creeré en mi vejez, ante el espejo,
Mientras la juventud tu edad comparta;
Sólo cuando los surcos te señalen
Pensaré que la muerte se aproxima.

Si toda la hermosura que te cubre
Es el ropaje de mi corazón,
Que vive en ti, como en mí vive el tuyo,
¿Cómo puedo ser yo mayor que tú?
Por eso, amor, contigo sé prudente,
Como soy yo por ti, no por mi mismo;
Tu corazón tendré con el cuidado
De la nodriza que al pequeño ampara.

No te ufanes del tuyo, si me hieres,
Pues me lo diste para no volverlo.
Que los favorecidos por los astros
De honores y de títulos se ufanen;
Yo, que la suerte priva de esos triunfos,
Hallo mi dicha en lo que más venero.

Los favoritos de los grandes príncipes
Abren al sol sus hojas cual caléndulas,
Y su orgullo sepultan en sí mismos
Pues los abate un ceño que se frunce.

El célebre guerrero laborioso,
Derrocado una vez tras mil victorias,
Es del libro de honores suprimido
Y de su gesta lo demás se olvida.

Feliz de mí, que amando soy amado,
Y ni cambiar ni ser cambiado puedo.
Cuando haya muerto, llórame tan sólo
mientras escuches la campa triste,
anunciadora al mundo de mi fuga
del mundo vil hacia el gusano infame.

Y no evoques, si lees esta rima,
la mano que la escribe, pues te quiero
tanto que hasta tu olvido prefiriera
a saber que te amarga mi memoria.

Pero si acaso miras estos versos
cuando del barro nada me separe,

ni siquiera mi pobre nombre digas
y que tu amor conmigo se marchite,
para que el sabio en tu llorar no indague
y se burle de ti por el ausente.

 

No longer mourn for me when I am dead
Than you shall hear the surly sullen bell
Give warning to the world that I am fled
From this vile world, with vilest worms to dwell.

Nay, if you read this line, remember not
The hand that writ it; for I love you so,
That I in your sweet thoughts woukd be forgot,
If thinking on me then should make you woe.

O, if, I say, you look upon this verse
When I perhaps compounded am with clay,
Do not so much as my poor name rehearse,
But let your love even with my life decay,
Lest the wise world should look into your moan
And mock you with me after I am gone.

 

 

JAIME SABINESsabine2

NO ES QUE MUERA DE AMOR

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.

Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.

Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

 

ME DOY CUENTA DE QUE ME FALTAS

Me doy cuenta de que me faltas
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.

Cuando me quedo solo
me quedo más solo
solo por todas partes y por ti y por mí.

No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.

Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
Puedes empezar a leer esto
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.

Cierra estas palabras como un círculo,
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.

Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.

Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado de mis huesos,
todo es pesadumbre.

 

LOS AMOROSOS

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.

Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.

Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.

Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.

Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, veridicamente,
de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.

Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.

 

TE DESNUDAS

Te desnudas igual que si estuvieras sola
y de pronto descubres que estás conmigo.
¡Como te quiero entonces
entre las sábanas y el frió!

Te pones a flirtearme como a un desconocido
y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.
Pienso que soy tu esposo
y que me engañas conmigo.

¡Y como nos queremos entonces en la risa
de hallarnos solos en el amor prohibido!
(Después, cuando pasó, te tengo miedo
y siento un escalofrío.)

 

UNO ES EL HOMBRE

Uno es el hombre.
Uno no sabe nada de esas cosas
que los poetas, los ciegos, las rameras,
llaman “misterio”, temen y lamentan.

Uno nació desnudo, sucio,
en la humedad directa,
y no bebió metáforas de leche,
y no vivió sino en la tierra
(la tierra que es la tierra y es el cielo
como la rosa, rosa pero piedra).

Uno apenas es una cosa cierta
que se deja vivir, morir apenas,
y olvida cada instante, de tal modo
que cada instante, nuevo, lo sorprenda.

Uno es algo que vive
algo que busca pero encuentra,
algo como hombre o como Dios o yerba
que en el duro saber lo de este mundo
halla el milagro en actitud primera.

Fácil el tiempo ya, fácil la muerte,
fácil y rigurosa y verdadera
toda intención que nos habita
y toda soledad que nos perpetra.

Aquí está todo, aquí. Y el corazón aprende
-alegría y dolor- toda presencia;
el corazón constante, equilibrado y bueno,
se vacía y se llena.

Uno es el hombre que anda por la tierra
y descubre la luz y dice: es buena,
la realiza en los ojos y la entrega
a la rama del árbol, al río, a la ciudad
al sueño, a la esperanza y a la espera.

Uno es el destino que penetra
la piel de Dios a veces,
y se confunde en todo y se dispersa.

Uno es el agua de la sed que tiene,
el silencio que calla nuestra lengua,
el pan, la sal, y la amorosa urgencia
de aire movido en cada célula.

Uno es el hombre -lo han llamado hombre-
que lo ve todo abierto, y calla, y entra.

 

EN LOS OJOS DE LOS MUERTOS

En los ojos abiertos de los muertos
¡qué fulgor extraño, qué humedad ligera!
Tapiz de aire en la pupila inmóvil,
velo de sombra, luz tierna.

En los ojos de los amantes muertos el amor vela.
Los ojos son como una puerta infranqueable, codiciada, entreabierta.

¿Por qué la muerte prolonga a los amantes,
los encierra en un mutismo como de tierra?
¿Qué es el misterio de esa luz que llora
en el agua del ojo, en esa enferma
superficie de vidrio que tiembla?
Ángeles custodios les recogen la cabeza.

Murieron en su mirada,
murieron de sus propias venas.
Los ojos parecen piedras
dejadas en el rostro por una mano ciega.

El misterio los lleva.
¡Qué magia, que dulzura
en el sarcófago de aire que los encierra!

 

CON GANAS DE LLORARr

Con ganas de llorar, casi llorando,
traigo a mi juventud, sobre mis brazos,
el paño de mi sangre en que reposa
mi corazón esperanzado.

Débil aquí, convaleciente, extraño,
sordo a mi voz, marcado
con un signo de espanto,
llego a mi juventud como las hojas
que el viento hace girar alrededor del árbol.

Pocas palabras aprendí
para decir el raro
suceso de mi estrago:
sombra y herida,

lujuria, sed y llanto.
Llego a mi juventud y me derramo
de ella como un licor airado,
como la sangre de un hermoso caballo
como el agua en los muslos
de una mujer de muslos apretados.

Mi juventud no me sostiene, ni sé yo
lo que digo y lo que callo.

Estoy en mi ternura
lo mismo que en el sueño están los párpados,
y si camino voy como los ciegos
aprendiéndole todo por sus pasos.

Dejadme aquí. Me alegro. Espero algo.
No necesito más que un alto
sueño, y un incesante fracaso.
El mediodía en la calle, atropellando ángeles,
violento, desgarbado;
gentes envenenadas lentamente
por el trabajo, el aire, los motores;
árboles empeñados en recoger su sombra,
ríos domesticados, panteones y jardines
transmitiendo programas musicales.

¿Cuál hormiga soy yo de estas que piso?
¿qué palabras en vuelo me levantan?
«Lo mejor de la escuela es el recreo»,
dice Judit, y pienso:
¿cuándo la vida me dará un recreo?
¡Carajo! Estoy cansado. Necesito
morirme siquiera una semana.

 

ROSALIA DE CASTRO Rosalia

ALMA

que vas huyendo de ti misma,
¿qué buscas insensata en las demás?
Si se secó en ti la fuente del consuelo
secas todas las fuentes has de hallar.

¡Que hay en el cielo estrellas todavía,
y hay en la tierra flores perfumadas!
¡Si!…, mas no son aquellas
que tu amaste y te amaron, desdichada.

Cuando el recuerdo del ancho bosque
el mar dorado
de hojas marchitas que en otoño
agita el viento con soplo blanco,
tan honda angustia nubla mi alma,
turba mi pecho,
que me pregunto:
¿Por qué tan terca,
tan fiel memoria, me ha dado el cielo?
Del antiguo camino a lo largo,
ya un pinar, ya una fuente aparece
que, brotando en la peña musgosa
con estrépito al valle desciende,
y brillando del sol a los rayos
entre un mar de verdura se pierde,
dividiéndose en limpios arroyos
que dan vida a las flores silvestres
y en el Sar se confunden, el río
que cual niño plácido duerme,
reflejando el azul de los cielos,
lento corre en la sombra a esconderse.

No lejos, en soto profundo de robles
en donde el silencio sus alas extiende
y da abrigo a los genios propicios,
a nuestras viviendas asilos campestres,
siempre allí, cuando evoco mis sombras,
a las llamo, respóndenme y viene.

Ya duermen en su tumba las pasiones
el sueño de la nada;
¿es, pues, locura del doliente espíritu
o gusano que llevo en mis entrañas?
Yo sólo sé que es un placer que duele,
que es un dolor que atormentando halaga,
llama que de la vida se alimenta
mas sin la cual la vida se apagara.

Creyó que era eterno tu reino en el alma,
y creyó tu esencia esencia inmortal,
rumores del onda que rueda y que muere
y nace de nuevo y vuelve a rodar,
todo es sueño y mentira en la tierra,
Ya siente que te extingues en su seno,
llama vital que dabas
luz a su espíritu, a su cuerpo fuerzas,
juventud a su alma.

Ya tu calor no templará su sangre,
por el invierno helada,
ni habrás de latir su corazón, ya falto
de aliento y de esperanza.

No subas tan alto, pensamiento loco,
que el que más alto sube más hondo cae,
ni puede el alma gozar del cielo
mientras que vive envuelta en la carne.
Por eso las grandes dichas de la tierra
tienen siempre, por término, grandes catástrofes.

Toquen as gaitas que hai festa,
toquen ó son do pandeiro,
pífanos toquen e frautas,
redobre o tamborileiro,
retroen as castañetas
i as cunchas, rencho… correncho..
coa quisquilleira zanfona
fagan o compás a un tempo.

Repiniquen as campanas,
atruxen mozos e vellos,
pequenos e grandes bailen,
brinquen os sans cos tolleitos.

Rían as de alegres ollos,
rían as de olliños negros,
i as dos peliños dourados,
i as dos peíños pequenos,
i as redondas moreniñas
máis dulces que o caramelo,
i as brancas que tén por gala
venas de color de ceo.

Que as nenas do ringo-rango
poñan paniños con freco,
i un moño na monteiriña
os mozos de rango-rengo.

Rechinen ricos e probes
tal como bos compañeiros,
e todos xuntos nun fato,
cal manada de cordeiros,
alaben a Dios bendito
que ano tan farto teremos
e tal milagro os xa nados,
cos ollos de bágoas cheos,
verán cal igual non viron
nin noutros nin nestes tempos.

¡Cal han de medrar nas veigas
as espigas do centeo!
¡Que ricos pastos lle agardan
ás vaquiñas e ós carneiros!
Que leiras… ¡Virxe do Carme!
¡Que millos tan pantrigueiros!

Cada espiguiña dourada
ha de pesar por un cento.
¿I as fabas?… ¡Santo San Xuan!
¿I o trigo?… ¡Santo San Pedro!
Nin ha de haber donde axeiten
chícharos, grau e centeo,
¡que tanto… tanto e mais tanto…
ben de Dios se ha de ir collendo
que nin ha de haber nos chans
un semellante portento!

As peras, coma cabazos
ou coma cabazo e medio;
figos como piñas mansas;
repinaldos, coma cestos.

Cada sandía un ferrado
ha de pesar, pouco menos;
e si n’hai tento ca boca
seica xa reventaremos
ca farta… ¡Dios non premita
que fora farta do demo!
Bailá, pois, nenas bonitas,
bailá, mociños e vellos
que anada nunca se veu
cal a que este ano veremos,
e dade gracias a Dios
por un favor tan extremo.

Has de Cantar
Has de cantar,
que che hei de dar zonchos;
has de cantar,
que che hei de dar moitos.

– I –

«Has de cantar,
meniña gaiteira,
has de cantar,
que me morro de pena.

Canta, meniña,
na veira da fonte;
canta, dareiche
boliños do pote.

Canta, meniña,
con brando compás,
dareiche unha proia
da pedra do lar.

Papiñas con leite
tamén che darei;
sopiñas con viño,
torrexas con mel.

Patacas asadas
con sal e vinagre,
que saben a noces,
¡que ricas que saben!

¡Que feira, rapaza,
si cantas faremos…!
Festiña por fóra,
festiña por dentro.

Canta si queres,
rapaza do demo;
canta si queres,
dareiche un mantelo.

Canta si queres,
na lengua que eu falo;
dareiche un mantelo,
dareiche un refaixo.

Co son da gaitiña,
co son da pandeira,
che pido que cantes,
rapaza morena.

Co son da gaitiña,
co son do tambor,
che pido que cantes,
meniña, por Dios.»

 

 

LUIS ROSALESluis rosales

CONTIGO

Ya el tiempo es sólo el espejo
donde te sueño, lo mismo
que los chopos en invierno
sueñan su verdor florido,
aunque el corazón te diga
que nunca soñé contigo,
que siempre puse la misma
corriente en distinto río.

La costumbre de perderte
me busca cuando te miro;
me busca, me está diciendo
por que vivir no es preciso.

Pero todo, todo, todo,
abril, todo lo que es digno
de recordarse, en ti toma
la luz de su señorío.

El resplandor de aquel tiempo
cuando era el amor tan niño
que aún se quemaba las manos
con el perfume del mirto.

Y el dolor que tuve luego
cuando te perdí, y el brío
de la esperanza que junta
lo que será y lo que ha sido,
¡todo descansa en tus alas!
yo a Dios llorando le pido:
si cuanto vieron mis ojos
a través de ti lo han visto,
que nada turbe el descanso
maternal donde resido,
que todo tenga en tu sangre
su nacimiento legítimo.

La voz que quiso ser nieve,
la nieve que al fin fue río,
el don de ver y la pura
ensoñación de haber visto,
el corazón donde a veces
canta un pájaro y sentimos
que se alegra la espesura
de la sangre con su trino,
y el tránsito de la carne
que aún recuerda el paraíso,
que aún recuerda que fue pura
cuando se encuentra contigo,
¡todo naciendo en la misma
mujer, y en el sueño mismo
que a la carne de sonrisa,
y hace, a la costumbre, rito!

Así, tu mano en mi mano,
tu corazón junto al mío,
¡sosiégame, ten mis ojos
quietos, para siempre fijos
en tu mortal primavera,
naciendo del gozo mismo
de tu bendición, naciendo
solo, desierto, contigo!

 

LA VUELTA DEL AMOR

Sentí que se desgajaba
tu corazón lentamente
como la rama que al peso
de la nevada se vence;
sentí en tu mano un desfile
de golondrinas que vuelven,
y vi llenando tus ojos
aquella locura alegre
de los pájaros que cumplen
su fiesta sobre la nieve.

 

LA RAÍZ

No lo puedes decir, pero lo vives
como vive la tierra el cuerpo de los muertos,
y los va transformando en trigo o en madera que devuelvan el calor que tuvieron,
y tu silencio te ilumina,
y te embellece mortalmente
igual que la sequía dora las hojas de los árboles en primavera aún,
y nadie sabe de qué raíz brota tu vida
en tanto que caminas como un río que se viste a diario el mismo cielo,
o se desnuda de las aguas durmientes y oficiales donde vas tramitándote,
mientras callas una palabra sola,
una sola palabra que persiste en tu cuerpo,
arremolinándolo todo interiormente como el viento en un pajar cerrado;
mientras callas una palabra sola
que no puedes decir,
que no puedes abrir como una puerta porque te quedarías deshabitada,
desamparadamente dicha y varonil,
porque te quedarías escrita para siempre igual que un nombre en una lápida.

 

LARGA ES LA AUSENCIA

Tu soledad, Abril, todo lo llena,
colma de luz la espuma y la corriente,
aurora niña con su sol reciente,
toro en golpe de mar como mi pena.

La soledad del corazón resuena
desierto ya como un reloj viviente,
como un reloj que late porque siente
la marcha de tu pie sobre la arena.

Y así vas caminando sangre adentro,
sangre hacia arriba, sangre hacia el primer encuentro,
sangre hacia ayer en la memoria mía;
¡ay, corazón, donde me pisas tanto!,
¡qué soledad sin ti, cierva de llanto!
qué soledad de luz buscando el día.

 

 

RAINER MARÍA RILKERainer María Rilke

PRIMERA ELEGÍA

¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los coros
de los ángeles? Y aun suponiendo que alguno de ellos
me acogiera de pronto en su corazón, yo desaparecería
ante su existencia más poderosa. Porque lo bello no es sino
el comienzo de lo terrible, ése que todavía podemos soportar;
y lo admiramos tanto porque, sereno, desdeña el destruirnos.

Todo ángel es terrible.
…Y así me contengo, sofocando el llamado seductor
de oscuros sollozos. Ay, ¿a quién podemos
recurrir entonces? A los ángeles no, a los seres humanos tampoco
y los astutos animales advierten ya
que no estamos muy confiados y como en casa
en el mundo interpretado. Tal vez nos queda todavía
algún árbol en la ladera que podamos contemplar
de nuevo cada día; nos queda la calle de ayer
y la mimada fidelidad de una costumbre
que se complació en nosotros y así permaneció y ya no se fue.

…Oh, y la noche, la noche, cuando el viento lleno de espacio sideral
nos muerde el rostro; ¿a quién no le queda al menos ella, la anhelada,
que nos decepciona suavemente y con esfuerzo aguarda
al corazón de cada cual? ¿Es la noche más leve para los enamorados?

Ay, ellos sólo se ocultan uno al otro su destino.
…¿Aún no lo sabes? Arroja desde los brazos el vacío
hacia los espacios que respiramos; quizá de modo que los pájaros
sientan el aire ensanchando con un vuelo más íntimo.

…Sí, al parecer las primaveras te necesitaban.
Algunas estrellas te exigían que las percibieras.
En el pasado se levantaba, acercándose, una ola
o cuando pasabas tú junto a la ventana abierta
se entregaba un violín. Todo eso era misión.

¿Pero pudiste con ello? ¿No estabas todavía
distraído por las expectativas como si todo
te anunciara una amada? (¿Dónde quieres albergarla,
cuando grandes y extraños pensamientos entran y salen de ti
y a menudo se quedan por la noche?)

Pero,
si te abruma la nostalgia, canta a los amantes;
mucho falta todavía
para que su célebre sentimiento sea lo bastante inmortal.

Y a esos abandonados que tú casi envidias y a quienes encontraste
aún más capaces de amar que a los satisfechos.
Una y otra vez recomienza la alabanza inalcanzable;
piensa: el héroe perdura y hasta su mismo ocaso
fue para él sólo un pretexto para ser: su último nacimiento.

Pero la naturaleza, agotada, recoge de vuelta a los amantes
en su seno, como si le faltaran las fuerzas
para llevar a cabo dos veces la tarea. ¿Has pensado bastante
en Gaspara Stampa, para que así alguna muchacha
a quien dejó su amado, ante el ejemplo señero de esta amante,
sienta: y si yo llegase a ser como ella?

¿No deberían, al fin, hacérsenos más fecundos estos viejos dolores?
¿No es tiempo ya de liberarnos, amando, del amado
y de resistir estremecidos, como resiste la flecha a la cuerda,
para ser, concentrada en el salto, más que ella misma?
Porque no hay permanecer en parte alguna.

… Voces, voces. Escucha, mi corazón, como antaño
sólo escuchaban los santos, de tal modo que el llamado gigantesco
los alzaba del suelo; pero ellos, los imposibles,
seguían ahí de rodillas, indiferentes:

Así estaban escuchando. No es que tú puedas soportar
la voz de Dios, ni mucho menos. Pero escucha el soplo,
el mensaje incesante que se forma del silencio.

Ahora susurra hacia ti desde aquellos jóvenes difuntos.
Donde quiera que entraste, ¿no te habló quedamente
su destino en iglesias de Nápoles y Roma?
¿O se te impuso, sublime, una inscripción en relieve,
como recientemente esa lápida en Santa María Formosa?
¿Qué quieren ellos de mí? En voz baja debo deshacer
la apariencia de injusticia que limita un tanto a veces
el puro movimiento de sus espíritus.

…Por cierto que es extraño no habitar más la tierra,
no seguir practicando las costumbres apenas aprendidas,
no dar el significado de un porvenir humano a las rosas
y a tantas otras cosas llenas de promesas;
no seguir siendo lo que uno era
en unas manos infinitamente angustiadas
o incluso dejar de lado el propio nombre
como un juguete destrozado.

Es extraño el no seguir deseando los deseos. Es extraño
ver ondear libre en el espacio todo lo que antes se amarró.
Y el estar muerto es laborioso y tan lleno de recuperaciones
que sólo lentamente percibe uno algo de eternidad. Pero los vivos
cometen todo el error de distinguir con demasiada vehemencia.

Los ángeles (se dice) no sabrían a menudo
si andan entre los vivos o los muertos.
A través de ambas regiones el eterno fluir
siempre arrastra consigo a todas las edades, acallándolas.

Por último, ya no nos necesitan ellos, los que se fueron temprano;
suavemente uno se va desacostumbrando de lo terrenal, así como
se emancipa con ternura de los pechos de la madre. Pero nosotros,
que tenemos necesidad de tan grandes misterios, de los cuales,
y desde la tristeza, surge a menudo una prosperidad bienaventurada:
¿podríamos existir sin ellos? ¿Es vana la leyenda de que antaño,
en el lamento funerario por Lino, la primera música, osada,
atravesó el árido estupor; y que recién en aquel espacio dominado
por el terror, del cual el joven semidiós escapó de pronto y para siempre,
entró el vacío mismo en aquella vibración
que aún ahora nos arrebata, nos consuela y nos ayuda?

 

Réquiem para el poeta Wolf Von Kalckreuth

¿Es que en realidad no te vi nunca? Mi corazón
está tan apesadumbrado por ti como por esos comienzos
demasiado difíciles y que uno siempre aplaza. Que yo empezara
a decirte, ahora que estás muerto, tú gustosamente,
tú apasionadamente muerto, ¿Fue eso tan
aliviador como pensaste, o estaba aún muy distante
el ya-no-vivir-más del estar-muerto?

Tú te imaginaste poseer mejor allá,
donde nadie da valor al poseer. Te pareció
que ahí, al otro lado, tú estarías dentro del paisaje
-ése que aquí siempre se acercaba a ti como una imagen-
y que vendrías desde dentro hacia la amada,
pasando, alado y fuerte, a través de todo.

Ojalá que ahora no añadas el engaño
a tu error juvenil, por mucho tiempo.
Que tú, disuelto en una corriente de nostalgia,
arrebatado y consciente sólo a medias,
encontrases en el movimiento alrededor de las estrellas
la alegría que has trasladado desde aquí
hasta el estar muerto de tus sueños.

Cuán cercano estuviste tú, querido, aquí, de ella.
Cómo se encontraba aquí como en su casa,
ella, a la que tú te referías
como a la severa alegría de tu nostalgia rigurosa.

Cuando tú, desilusionado de la desventura y de la dicha,
te agitaste dentro de ti y ascendiste fatigosamente
comprendiendo y quebrándote casi bajo el peso
de tu oscuro hallazgo:
entonces la llevaste a ella, a ella, a la que no reconociste,
llevaste la alegría y a través de tu sangre
también la carga de tu pequeño salvador, adelantándote.

…Lo que no esperaste fue que el peso
se hiciese del todo insoportable: es entonces cuando éste
se invierte de repente y es tan pesado por ser tan verdadero.

Ves, éste fue quizás tu momento más cercano;
tal vez él se acomodaba la guirnalda en el cabello
ante la puerta que tú le cerraste bruscamente.
… Oh este golpe, cómo atraviesa el universo

cuando, en alguna parte, algo abierto se cierra
con esa corriente de aire, dura y cortante, de la impaciencia.

¿Quién puede jurar que en la tierra
no se extiende una grieta a través de las semillas sanas?;
¿quién ha investigado si en los animales domésticos
no resplandece lascivo un deseo de matar
cuando esta sacudida lanza una luz relampagueante en su cerebro?

¿Quién conoce la influencia que desde nuestro actuar salta
hacia una cumbre cercana
y quién la acompaña hasta allí, a donde todo conduce?
…¡Que tú hayas destruido! ¡Que se tenga que decir esto de ti
hasta el fin de los tiempos!

Y si inminente es que un héroe aparezca y arranque,
cual máscara, el sentido que nosotros tomamos
por la faz de las cosas y que frenéticamente
nos descubra rostros, cuyos ojos nos miran hace tiempo y
en silencio a través de agujeros escondidos;
esto es rostro y ya no se transformará:
¡que tú hayas destruido! Ahí yacían los sillares
y en el aire alrededor ya estaba el ritmo
de una obra en construcción, que apenas podía contenerse;
tú pasaste entre ellos y no viste su orden,
pues uno al otro te encubría; cada uno
parecía arraigarse en ti, cuando tú, al pasar
junto a él, sin verdadera fe, intentabas levantarlo.

Y en la desesperación a todos levantaste,
pero sólo para lanzarlos de vuelta
a la cantera abierta, en la que ellos,
expandidos por tu corazón, ya no cabían.

Si una mujer hubiese puesto su mano ligera
sobre el comienzo aún delicado de esta ira;
si hubiera habido alguien, que estando ocupado,
ocupado en lo más íntimo, te hubiese encontrado
quedamente cuando tú, mudo, saliste a consumar la acción;
si tu camino hubiera conducido
cerca de un taller despierto,
donde hay hombres martillando, donde el día se realiza
simplemente; si en tu mirada plena
sólo hubiese habido al menos un espacio donde cupiese la imagen
de un escarabajo que se afana;
de repente y con clarividencia
habrías leído la escritura cuyos signos tú
grabaste lentamente en ti desde la infancia,
intentando de tiempo en tiempo que en ello se formara una frase:
¡ay, y ella te pareció un sin sentido!
Yo sé; yo sé; tú yacías ahí delante y tanteabas
las ranuras así como uno palpa la inscripción en relieve
de una lápida. Lo que te pareció arder con cierta luminosidad
lo sostenías delante de esta línea como a una lámpara;
pero la llama se apagó antes que tú hubieras comprendido,
tal vez por tu aliento,
tal vez por el temblor de tu mano; quizás también
sólo por sí misma, como se apagan a veces las llamas.

Nunca lo leíste. Pero nosotros no nos atrevemos a
leer a través del dolor y desde la lejanía.
…Somos espectadores sólo de los poemas
que hacia abajo traen las palabras que tú escogiste,
incluso más allá de la inclinación de tu sentir. No,
tú no las escogiste todas; a menudo
un comienzo se te imponía como un todo
que tú repetías como una orden. Y te parecía triste.

¡Ay, cómo si nunca lo hubieses oído de ti!
Tu ángel aún ahora lo recita y acentúa
el mismo texto de otra forma y yo estallo en júbilo
ante su forma de decirlo, de júbilo por ti,
porque esto era lo tuyo:
el que todo lo amado de ti otra vez se desprendiera,
el que tú, al haber llegado a ver,
hayas reconocido la renuncia y en la muerte tu progreso.

Esto era tuyo, tú, artista; estas tres
formas abiertas. Mira, aquí está el vaciado
de la primera: espacio en torno a tus sentimientos;
y ahí, desde la segunda, esculpo para ti el mirar
que no desea nada, el mirar del gran artista;
y en la tercera, que tú mismo rompiste demasiado pronto,
cuando apenas entró la primera hornada
de alimento tembloroso desde la incandescencia del corazón,
se había ya formado en lo profundo
una muerte trabajada, esa muerte propia
que tanto nos necesita porque la vivimos
y de la que en ninguna parte estamos más próximos que aquí.

… Todo esto fue tu bien y tu amistad;
a menudo lo sospechaste; pero luego te asustó
lo vano de aquellas formas; tú introdujiste la mano
y la sacaste vacía y te quejaste.

Oh vieja maldición de los poetas
que se quejan cuando debieran decir,
que siempre proceden a juzgar sus sentimientos
en lugar de darles forma; los que todavía creen
que cuanto es triste o alegre en ellos
lo sabrían y que así podrían
lamentarlo o alabarlo en el poema.

Como los enfermos, emplean ellos el idioma lleno de lamentos
para describir dónde les duele,
en lugar de transformarse duramente en las palabras,
como el cantero de una catedral
que obstinado se convierte en la serenidad de la piedra.

… Esto era la salvación. Si sólo una vez hubieses
visto cómo el destino se funde en los versos
y no vuelve, cómo en el interior se convierte en imagen
y nada más que imagen, como ocurre con los antepasados,
que al mismo tiempo parecen y no parecen asemejarse a ti
cuando levantas la vista a veces hacia el cuadro:
entonces tú habrías perseverado… Pero esto es mezquino,
pensar lo que no fue. También hay una apariencia
de reproche en la comparación que no te alcanza.

Lo que sucede tiene tal ventaja
sobre lo que imaginamos, que nunca lo alcanzaremos
ni tampoco experimentaremos cómo era en realidad.
… No te avergüences si los muertos te rozan,
los otros muertos, los que perseveraron hasta el fin.

(¿Qué quiere decir fin?) Intercambia la mirada con ellos,
tranquilamente, como es la costumbre,
y no temas que nuestro duelo te abrume
de forma tan extraña que les llames a ellos la atención.

Las grandes palabras de esos tiempos, cuando
el acontecer aún era visible, no son para nosotros.
¿Quién habla de victorias? El resistir lo es todo.

 

SONETO 15 DE LA PRIMERA PARTE

Esperad…, el sabor… y ya se escapa.
…Sólo algo de música, retumbar de pasos, tarareos.
Danzad, muchachas mudas y ardorosas,
¡danzad el sabor de la fruta conocida!

Danzad la naranja. ¡Quién puede olvidarla!;
cómo ella, ahogándose en sí misma, se defiende
contra su dulzura. La habéis poseído y
deliciosamente se ha convertido ella en vosotras.

Danzad la naranja. Arrojad de vosotras el cálido paisaje,
¡para que así la madurez irradie
en los aires de la patria! Revelad, enardecidas,

aroma por aroma. Cread el parentesco
con la cáscara pura que se niega,
con el jugo que llena a la dichosa.

 

SONETO 2 DE LA SEGUNDA PARTE

Así como a veces la hoja que se acerca presurosa
le arrebata al artista el rasgo más genuino,
así a menudo recogen los espejos la sonrisa
sagrada y única de las muchachas

cuando gozan la mañana, a solas,
o en el fulgor de las luces serviciales.
Y, más tarde, sólo un reflejo cae
en la respiración de los rostros verdaderos.

Cuánto han visto los ojos, antaño, en las cenizas
del lento apagarse de las chimeneas:
miradas de la vida, perdidas para siempre.

¡Ay! ¿Quién, de la tierra, conoce las pérdidas?
Sólo aquel que cante, pero con tonos de alabanza,
el corazón nacido para el Todo.

 

 

FRANCISCO DE QUEVEDOQuevedo

“¡Ah de la vida…!” ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido,
las horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue, mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

 

FÁBULA DE DAFNE Y APOLO

Delante del Sol venía
corriendo Dafne, doncella
de extremada gallardía,
y en ir delante tan bella,
nueva Aurora parecía.

Cansado más de cansalla
que de cansarse a sí Febo,
que la amorosa batalla
quiso dar principio nuevo,
para mejor alcanzalla.

Mas viéndola tan cruel,
dio mil gritos doloridos,
contento el amante fiel
de que alcancen sus oídos
las voces, ya que no él.

Mas envidioso de ver
que han de gozar gloria nueva
las palabras en su ser,
con el viento que las lleva
quiso parejas correr.

Pero su padre, celoso,
en su curso cristalino
tras ella corrió furioso,
y en medio de su camino
los atajó sonoroso.

El Sol corre por seguilla,
por huir corre la estrella;
corre el llanto por no vella,
corre el aire por oílla,
y el río por socorrella.

Atrás los deja arrogante,
y a su enamorado más,
que ya, por llevar triunfante
su honestidad adelante,
a todos los deja atrás.

Mas viendo su movimiento,
dio las razones que canto,
con dolor y sin aliento,
primero al correr del llanto
y luego al volar del viento:

Di, ¿por qué mi dolor creces
huyendo tanto de mí
en la muerte que me ofreces?
si el Sol y luz aborreces,
huye tú misma de ti.

No corras más, Dafne fiera,
que en verte huir furiosa
de mí, que alumbro la Esfera,
si no fueras tan hermosa,
por la noche te tuviera.

Ojos que en esa beldad
alumbráis con luces bellas
su rostro y su crueldad,
pues que sois los dos estrellas,
al Sol que os mira, mirad.

¡En mi triste padecer
y en mi encendido querer,
Dafne bella, no sé cómo
con tantas flechas de plomo
puedes tan veloz correr!

Ya todo mi bien perdí;
ya se acabaron mis bienes;
pues hoy corriendo tras ti,
aún mi corazón, que tienes,
alas te da contra mí.

A su oreja esta razón,
y a sus vestidos su mano,
y de Dafne la oración,
a Júpiter soberano
llegaron a una sazón.

Sus plantas en sola una
de lauro se convirtieron;
los dos brazos le crecieron,
quejándose a la Fortuna
con el ruido que hicieron.

Escondióse en la corteza
la nieve del pecho helado,
y la flor de su belleza
dejó en la flor un traslado
que al lauro presta riqueza.

De la rubia cabellera
que floreció tantos mayos,
antes que se convirtiera,
hebras tomó el Sol por rayos,
con que hoy alumbra la esfera.

Con mil abrazos ardientes,
ciñó el tronco el Sol, y luego,
con las memorias presentes,
los rayos de luz y fuego
desató en amargas fuentes.

Con un honesto temblor,
por rehusar sus abrazos,
se quejó de su rigor,
y aún quiso inclinar los brazos,
por estorbarlos mejor.

El aire desenvolvía
sus hojas, y no hallando
las hebras que ver solía,
tristemente murmurando
entre las ramas corría.

El río, que esto miró,
movido a piedad y llanto,
con sus lágrimas creció,
y a besar el pie llegó
del árbol divino y santo.

Y viendo caso tan tierno,
digno de renombre eterno,
la reservó en aquel llano,
de sus rayos el Verano,
y de su hielo el Invierno.

 

LETRILLA SATÍRICA

(La pobreza. El dinero)

Pues amarga la verdad,
quiero echarla de la boca;
y si a l’alma su hiel toca,
esconderla es necedad.

Sépase, pues la libertad
ha engendrado en mi pereza
la pobreza.

¿Quién hace al tuerto galán
y prudente al sin consejo?
¿quién al avariento viejo
le sirve de río Jordán?

¿Quién hace de piedras pan,
sin ser el Dios verdadero?
El dinero.

Quién con su fiereza espanta
el cetro y corona al rey?
¿Quién, careciendo de ley
merece nombre de santa?

¿Quién con la humildad levanta
a los cielos la cabeza?
La pobreza.

¿Quién los jueces con pasión,
sin ser ungüento, hace humanos,
pues untándolos las manos
los ablanda el corazón?

¿Quién gasta su opilación
con oro y no con acero?
El dinero.

¿Quién procura que se aleje
del suelo la gloria vana?
¿Quién, siendo toda cristiana,
tiene la cara de hereje?

¿Quién hace que al hombre aqueje
el desprecio y la tristeza?
La pobreza.

¿Quién la montaña derriba
al valle; la hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
aunque imposible, conciba?

¿Y quién lo de abajo arriba
vuelve en el mundo ligero?
El dinero.

 

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado;
es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado;
es una libertad encarcelada
que dura hasta el postrero parasismo,
enfermedad que crece si es curada.

Este niño amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!
¡Qué perezosos pies, qué entretenidos
pasos lleva la muerte por mis daños!
El camino me alargan los engaños,
y en mi se escandalizan los perdidos.

Mis ojos no se dan por entendidos;
y por descaminar mis desengaños,
me disimulan la verdad los años
y les guardan el sueño a los sentidos.

Del vientre a la prisión vine en naciendo;
de la prisión iré al sepulcro amando,
y siempre en el sepulcro estaré ardiendo.

Cuantos plazos la muerte me va dando,
prolijidades son que va creciendo,
porque no acabe de morir penando.

¿Qué otra cosa es verdad, sino pobreza
en esta vida frágil y liviana?
Los dos embustes de la vida humana,
desde la cuna, son honra y riqueza.

El tiempo, que ni vuelve ni tropieza,
en horas fugitivas la devana;
y, en errado anhelar, siempre tirana,
la fortuna fatiga su flaqueza.

Vive muerte callada y divertida
la vida misma; la salud es guerra
de su propio alimento combatida.

¡Oh, cuánto, inadvertido, el hombre yerra:
que en tierra teme que caerá la vida,
y no ve que, en viviendo, cayó en tierra!

La vida empieza en lágrimas y caca,
luego viene la mu, con mama y coco,
síguense las viruelas, baba y moco,
y luego llega el trompo y la matraca.

En creciendo, la amiga y la sonsaca:
con ella embiste el apetito loco;
en subiendo a mancebo, todo es poco,
y después la intención peca en bellaca.

Llega a ser hombre, y todo lo trabuca;
soltero sigue toda perendeca;
casado se convierte en mala cuca.

Viejo encanece, arrúgase y se seca;
llega la muerte, y todo lo bazuca,
y lo que deja paga, y lo que peca.

Huye sin percibirse, lento, el día,
y la hora secreta y recatada
con silencio se acerca, y despreciada,
lleva tras sí la edad lozana mía.

La vida nueva, que en niñez ardía,
la juventud robusta y engañada,
en el postrer invierno sepultada,
yace entre negra sombra y nieve fría.

No sentí resbalar mudos los años;
hoy los lloro pasados, y los veo
riendo de mis lágrimas y daños.

Mi penitencia deba a mi deseo,
pues me deben la vida mis engaños,
y espero el mal que paso, y no le creo.